A este lado del océano

A este lado del océano

flanqueadas por hambres ancestrales

guerras subvencionadas

trampas financieras

fascismos realimentados

naufraugios anunciados

gobiernos tramposos

entrampados

horizontes de torres petrolíferas

y turistas de cartón piedra

 

Con presupuestos que lo legitiman todo

y democracias trileras

 

A este lado del océano

chapoteamos

y nos celebramos

 

Sin mirarnos

Sin creernos

Sin querernos

 

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A lo peor no lo saben

A lo peor no lo saben. Veo a esas niñas disfrazadas de novias, a niños engominados ataviados de cantantes de verbenas de los setenta, cargados de regalos, a sus padres, madres y demás familiares sacando fotos a las puertas de iglesias, en parques y plazas, en restaurantes ruidosos de mesas abarrotadas.

A lo peor no lo saben, pero siguiendo los rituales de la iglesia católica -o de otra-, con esas catequesis de años, con los mantras sacramentales, están inculcando a sus hijos mensajes que bien deberíamos ir desechando. Por evolucionar, digo, solo por eso.

Con esas tradiciones, casi sin querer, transmiten a la siguiente generación que todos cargamos con la culpa, por el simple hecho de ser. Una culpa que no se sabe bien qué es ni porqué me cayó precisamente a mí, qué porras habré hecho. Inculcan también que este mundo no tiene arreglo, que hay que estar dispuestos a sufrir a cambio de una recompensa en el más allá (o de una nómina de mierda a final de mes); que lo que ocurre no es del todo responsabilidad nuestra, que no lo podemos resolver.

De paso  les cuentan que la homosexualidad es, más que pecado, una aberración, que el sexo, también el hetero, es sucio, salvo que tenga como único fin la reproducción, que eso del placer es ilegítimo y dispara todos los vicios. Les dicen que las mujeres no deben asumir cargos de responsabilidad, que deben cuidar de hijos y maridos, a quienes tienen que soportar para siempre, por muy cáncamos que sean. Les transmiten que la organización ha de ser jerárquica y, en la cúspide, solo hombres.

Si tampoco creen ya en todo eso pero insisten en repetir con sus hijos lo que hicieron con ellos, todo a cambio de no abrir conflictos familiares, de recibir regalos, de no ser mirados como raros… Peor lo pintan si todo vale con tal de ser aceptados o para conseguir recompensas materiales.

Si realmente madres, padres o tutores varios creen en todo eso, no hay más opción que el respeto. Mucho me temo que, en el peor de los casos, ni se han parado a pensarlo. A lo peor no lo saben.

De seres y enseres

De seres y enseres

de trazos y espinazos

de encuentros

de olvidos

De errores milenarios,

                                           dice Ángel González

De miedos y risas

aciertos

despistes

De cuerpos que se encuentran

                                        por azar

                                      por amor

                                      por calor

De silencios

aplausos y castigos

De todos los cuentos de León Felipe

De los mitos de todas las biblias

                       de todos los macondos

De seres y enseres somos

 

descanso

Dejó pasar el silencio

se liberó de la obligación de responder

de cuestionar

de intentar comprender

de teñirlo todo de lógica,

de coherencia.

 

Se permitió no tener que resolver nada

ni ordenar

ni retocar

ni

nada.

 

Respiró

sintió el eco vacío en su cabeza

el cosquilleo del aire

el roce de las sábanas

el crujir de los electrodomésticos

las rutinas de la calle.

 

Se dejó dormir

sin preguntas

sin respuestas

se enroscó con la tranquilidad del perro viejo

de quien sabe

a ciencia cierta

que mañana todo estará igual,

manga por hombro.

Lo líquido también mancha (*)

Es falso

nada pasa de puntillas

nadie resulta indiferente

 

Hasta lo más sutil deja huellas

incoloras, inoloras… pero quedan

 

Por flojos que enredemos los lazos

para soltarlos rápido y huir

siempre podremos pisarnos los cordones

 

El silencio nos hace cómplices

de lo bueno y lo peor

 

Las frases que no atendemos

las que no queremos escuchar

nos asaltan una madrugada cualquiera

regurgitando problemas

reivindicándose como solución

 

La ausencia de solidez

no es insípida

como poco, provoca náuseas

 

Lo líquido también mancha.

 

(*) La culpa fue de Bauman.

 

 

 

 

quiero ser silencio

Quiero ser silencio

dejar de salpicar con más ruido

y observar

solo observar

.

Las palabras se resisten a mi intento

hacen por salir

Me retumban en la boca

vibran en mis paletas

desafían mi empeño

Las muerdo

.

Frases armadas

bombardean los límites de mi cabeza

destructoras

arpías

.

El volumen baja

pero el silencio no llega

Otro zumbido se acerca

Sílabas reagrupadas

construyen sentencias

intentan abarcarlo todo

absolutas

simplistas

excluyentes

Me defiendo

Levanto trincheras calladas

lanzo pensamientos flexibles

miradas sin juicio

paisajes sin nombre

.

No venceré

lo sé

Disfrutaré de la tregua

lo sé

el sol de invierno no entra en los jardines libres

El sol de invierno apenas se cuela por el jardín abandonado

abandonado o no tanto

Así somos

Aquí las plantas nos enredamos a nuestro antojo

y no cedemos el paso a humanos ni otras formas de arrogancia

Pasen o no pasen

no dibujamos caminos con ridículas piedras de colores

Los niños no nos trepan

no se columpian en nosotras

Están al otro lado del cristal

de puertas y ventanas

Al otro lado del cristal de las pantallas

Los enamorados no lloran sus desencuentros arrancándonos pétalos

Menos mal

Ahogan la indiferencia en alcohol y otras drogas

Como mucho, potan su desconcierto sobre nuestras raíces

O dan esquinazo al deseo insatisfecho entre otras piernas

en otros flujos

Los jardines libres escondemos tesoros mohosos

libros que nadie leyó

juguetes oxidados

colillas inconfesables

repetimos onomatopeyas que nadie quiso entender

Fabricamos noches oscuras y ventosas

a plena luz del día

Y disfrutamos atrapando a intrusos

hacemos que se pierdan

que jamás encuentren la salida

y acaben desvaneciéndose

confusos

composterizados

a ras de nuestro fango