relojes

El reloj de Cortázar era nuevo. Por eso, en su fondo, Julio veía la muerte.


Yo prefiero los relojes antiguos, porque tras sus esferas, allá al final, están los madrugones que ya me di, las lágrimas que ya enjugué, los fiascos y las meteduras de pata que ya viví, las amarguras que digerí… También porque, al fondo del todo, está aquel orgasmo de mis padres, el que trenzó el encuentro que aún desenredo, el que peino, el que soy.

historia natural

En algún siglo de este viejo planeta, tus células y las mías formaron un mismo organismo.

Una microbacteria, un árbol, un gigante o diminuto animal marino, un alga o un dinosaurio, un elefante o quizás un gusano. No lo sé. No puedo recordarlo.
El ciclo de la vida o el alimentario, qué más da, nos separó en algún momento y desde entonces recorrimos miles de seres y formas, cada uno por su cuenta.
Hoy, aquellas células con las que convivimos componen nuestros respectivos cuerpos, donde ahora se reconocen, se buscan, se compenetran, se funden…

qué crisis?

Si el dinero se crea pero no se destruye… ¿dónde porras ha ido a parar?

Ya vale con que lo convirtieron todo en ladrillos, en pisos que no venden. De ser así, lo tendrá quien vende los ladrillos. Digo yo, por empezar a buscar en algún sitio.

O va a resultar que es fotosensible, que desaparece como las vitaminas de las naranjadas, aquéllas que de pequeños nos hacían beber rapidísimo para que no perdieran sustancia. Anda, ahora que caigo, va a ser por esto que jamás ahorro.
¿Crisis? Para justificar despidos masivos y prácticamente gratis, recortes sociales, destrucción de derechos laborales que costó siglos conquistar… Y la banca sin cesar de hacer caja.
Al final, otro negocio redondo, otra campaña publicitaria planetaria, al estilo gripe A y timos similares.
Mentira, todo mentira.

calcetines


Desde sus primeras navidades le enseñé a gritar «Viva la República» al paso de los Reyes Magos en la Cabalgata. Lo hacía aún cuando desordenaba las palabrejas con tantas sílabas. 

El año pasado comenzó a sospechar que mi consigna no debía ser algo bueno y hasta advirtió a sus amigos para que no la corearan, por si se quedaban sin regalos, decía.

Este año, con sus siete recién cumplidos, al intentar convencerlo me preguntó qué es eso de República, lo de ser republicano. Cuando le expliqué que consiste en estar en contra de los reyes, cuestionó extrañado: ¿Por qué no te gustan? Sin ánimo de ser más panfletario de lo debido, le resumí que son personas que tienen muchas riquezas sin haber trabajado nunca para conseguirlas, que viven a costa del trabajo de los demás (hay tantos así). Sin dudarlo un segundo, contestó vehemente: «Pero éstos son buenos, Papi. Éstos comparten lo que tienen. En lugar de darnos dinero, van y nos compran regalos. Es como si repartieran sus riquezas».

Tras un espeso silencio que, confieso, yo invertía en rumiar como rebatirle semejante argumento, zanjó la conversación concluyendo: «Claro papá, como eres republicano todos los años te regalan calcetines». Será por eso.

renacimientos



Del adoctrinamiento católico de mi infancia me quedaron muchos prejuicios almacenados. Claro que, como todos, aproveché las mudanzas ideológicas para vaciar esos armarios. Una tarea larga y pesada aunque liberadora.

Así y todo, ya lo dice la psicología evolutiva: de lo que se mama de chico, siempre queda algo.

La mayoría de esas ideas no me son de ninguna utilidad en este mundo de depredadores: Amar al prójimo como a uno mismo. Ser siempre pobre para pasar por el hueco de la aguja. La Buenaventurada bondad y el castigo seguro de los malvados… Y más.

De otras, en cambio, me resisto a deslastrarme. Aunque, la verdad, mi relectura poco o nada tienen ya que ver con lo que me habían contado.

Esto de la navidad, por ejemplo, no logra enredarme en la ansiedad consumista. Tampoco en celebrar la llegada de un iluminado que viene a salvarme y acaba dejándose matar para redimir mis pecados. Buf, qué macabro!

En cambio, se me antoja que estos días tienen más que ver con el renacer, con reencontrarse y reinventarse. Con dar oportunidades, a la vida, a los amigos y a los enemigos… A mí mismo.

Recargar el tanque con energía limpia, poner el cuentakilómetros a cero y volver a arrancar.

Tiene que ver con la confianza. En uno mismo y en el resto. En que las piezas van encajando, a su ritmo, con su propio orden, en el momento preciso…

Imperfecto es una cualidad del Pretérito.  Si nos permitimos el renacer, todo lo demás queda por inventar.

Además, casi lo olvido, hay que hacerlo sin convertirse en un iluso. Nunca dije que fuera fácil.

2011


Si esta navidad, para empezar, en lugar de regalar objetos, obsequiamos algo de nosotros: unas horas de tiempo, una conversación, un rato de escucha o un silencio cómplice…

Si nos despojamos de la dependencia de las cosas y compartimos las imprescindibles: coches, casas, cocinas…

Si ponemos en común las ganas y las ideas…

Si dejamos de vivir en burbujas individuales, unifamiliares…

Si cambiamos el temor al prójimo por sentirnos parte de un todo, tomando conciencia de comunidad, de los recursos de los que disponemos y, de paso, buscamos el modo más racional de compartirlos, repartirlos, conservarlos…

Si admitimos que cada cual evoluciona a su ritmo y hacia donde considera pertinente, puede o se le antoja…

Si abandonamos las frivolidades estéticas y los uniformes, especialmente los ideológicos…

Si usamos las máquinas para lo que necesitamos y nos liberamos de la adicción al último modelo de cualquier cacharro…

Si, por una vez, probamos a comprar/consumir sólo lo que realmente necesitamos…

… entonces, entonces sí que 2011 será un año realmente diferente.