reincidente

Me confieso reincidente y, además, apologista de los delitos de ingenuidad y opinión.
Infrinjo sistemáticamente la norma básica de supervivencia que obliga a desconfiar de las intenciones del prójimo.
Acepto mi culpabilidad por analizar las situaciones, los procesos,  las relaciones, los sistemas, por elaborar mis propias ideas y conclusiones. Más aún, por expresarlas sin pelos en la lengua, revolcándome en el fango de la fe ciega en que mis interlocutores compartirán el placer de pensar, evaluar, revisar, experimentar, mejorar, crecer.
Admito mi desconocimiento de la ley de la selva, de la competitividad constante, aún sabiendo que eso no me exime de su cumplimiento.
Hago apología militante en favor de los procesos educativos, del trabajar con personas contagiando el razonamiento y la interiorización consciente del por qué de las cosas. Combato el castigo como exclusiva herramienta educativa, la autoridad bajo amenaza, el respeto por temor.
Soy manifiestamente responsable de creer en la capacidad creativa de todas las personas, en la obligación de escucharlas, por mucho que al final alguien deba tomar una decisión y asumir la responsabilidad.
Aunque, advierto, delinquir no es un placer y tiene penosas consecuencias.

estrategias

Si me atacas y me enroco, me encierro entre mis propias piezas, me inmovilizo, me asfixio. Tú ganas.
 
Si contraataco, abandono mi jugada, dejo de ser yo para responder a tus impulsos, quedo vulnerable e indefenso, avanzo a tu ritmo. Tú ganas.
 
Ahora que veo tus fichas, la caída de tu rey no es para mí un objetivo. Mucho menos los contoneos de esa reina tuya. Tampoco derrumbar las torres en las que habitas. Así que, pensándolo mejor, abandono este tablero. Tú ganas. Yo gano.
 

paréntesis


Apagar los electrodomésticos parlanchines y lanzaimágenes.

Encender tan sólo la luz imprescindible.

Dejarse sorprender por los sonidos lejanos, por las sombras de la calle que se cuelan por la ventana.


Respirar.


No repensar lo ya desmenuzado una y mil veces.

Dejar los planes de mañana para mañana.

Sentir el cosquilleo relajado del cuerpo cansado…

Y poco más.