banda sonora

Lo hice adrede. Jamás compartí con ella ninguna melodía. No sonaba música en mi casa cuando me visitaba, ni siquiera para amenizar la coreografía de nuestros cuerpos enfrascados en el sudor y el sexo. Nunca fuimos juntos a ningún concierto, solo escuchábamos noticias y tertulias en las radios de los coches

Lo decidí incluso antes de conocerla. Cuando me di cuenta de todas las músicas que me habían arrebatado los amores que archivé, los que me empeñé en olvidar para no revivir más desencuentros.

Cada relación estaba asociada a una banda sonora, melodías que insonorizaba para pasar página, para superar el duelo de los desamores sucesivos.

Así, una a una se fueron llevando a Bob Marley, a Supertramp, a Queen, a Silvio y a Pablo, a toda la Trova junta, a Víctor Jara y al resto de cantautores… Con otras se fueron ACDC, la Polla Récord, Kortatu…  También Radio Futura y el pop de los 80. Beethoven, Mahler, Stravinsky, Satie… Ellos también me abandonaron, se marcharon con ellas. Vetusta, De Pedro, Altraste, el Kanka… Todos y cada uno se largaron. Como bienes gananciales a los que no tuve derecho ni parte.

Por eso, fue por eso que decidí no volver a compartir ni un acorde más, no caer en la trampa de anclar ritmos con guiños ni afectos.

Fue entonces cuando apareció ella, que también acabó marchándose. Y con ella, el silencio. 

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