Suertes
De la suerte al caer en una familia, en otra o en ninguna; en un punto geopolítico o en otro. Y de la suerte en la toma de decisiones frívolas en la edad de la inconsciencia.
Alguien intenta contarme -no me dejo, me resisto, interrumpo- que elegimos dónde y entre quiénes nacemos. Esos rollos del karma que, quizás, alivian la existencia a sus seguidores. A mí no me aportan nada, me suenan a meras excusas para seguir adelante. Prefiero quedarme en el presente, aunque suene a otro discurso comercializado, el del vivir el ahora.
Nos consuele o no, aquí estamos. Cada cual con sus gracias y sus miserias. Y por eso sigo, buscando puntos de encuentro y coincidencia.
despareja
El XX y el XXI también
El péndulo de Micandi
El otro día una frase de una canción comercial salió de la radio de mi coche para devolverme y mezclarse con aquella idea.
Nos levantamos por la mañana y nos dejamos arrastrar por los estados de ánimo de quienes nos rodean, de las noticias de la radio, del estrés de quien pita en la caravana de cada dia, de la arrogancia de algún mediocre, de la alegría de cualquier paseante… Sí, claro, interactuamos, nos empapamos del contexto… pero ¿cuántas veces nos escuchamos, miramos para dentro y vemos cómo nos sentimos ese día realmente?
No sólo está bien eso de la empatía, de interactuar con el entorno y los semejantes. En realidad es inevitable. Pero, se me ocurre, estaría mejor si atendiéramos a lo que de verdad sentimos, saborear nuestra tristeza, vibrar con nuestra propia alegría… Sólo así seremos menos maleables a emociones ajenas y, en su caso, contagiaremos lo más real de nosotros mismos.
¡Vaya! Pues sí que dan de sí un taller de risoterapia y una frase de cancioncilla comercial.
Castañas sobre fondo azul
De vuelta a la Casa, me vacié los bolsillos sobre una mesa azul. Fue entonces cuando comencé a jugar con las castañas y la luz que se colaba por la puerta de cristal.
Un trato de coherencia
En primer lugar, ¿qué tal si a todas las personas proclives a gastar su dinero en regalarnos, les pedimos que se abstengan? Bastará con decirles que no necesitamos nada material. Que muchas gracias, pero no.
Para seguir, podemos no caer en la tentación de comprar nada innecesario a nadie, por mucho que lo queramos, convencidos como estamos de que el cariño, también el amor, es francamente otra cosa.
A nadie le gusta quedar como el bicho raro, el amargafiestas de la pandilla, de la familia, del grupo de lo que sea. Hagamos el esfuerzo, sacudámonos el peso del qué dirán.
Para compensar, propongo que regalemos horas de conversación, de compañía, paseos silenciosos por la orilla de cualquier abismo, un rato de atención, empatía, asertividad, la propuesta firme de escuchar sus proyectos -por mucho que de antemano nos puedan resultar absurdos-, un saco de abrazos, unas risas compartidas, una siesta con babas frente a un televisor la tarde de cualquier domingo…
¿Se apuntan?










