Olmo, el vende peras

olmo TRES

Claudia Hass

Como todos esperan de él, Olmo se levanta temprano cada mañana para ir a trabajar. Tiene un puesto de peras en el mercado. Sí, de peras, nadie lo entiende, pero a Olmo siempre le piden peras. De cualquier forma, si alguna vez aparece alguien que quiere otra cosa, lo resuelve de inmediato. Cuando le piden naranjas, se convierte en naranjero. Cuando quieren yogur, se hace frigorífico. Si le demandan leche fresca, en vaca se convierte.

Olmo es un hombre fácil de amar, al menos en los inicios. Para personas aventureras, se disfraza de Indiana Jones. Para bohemias, se hace hippy, creativo, pintor, artesano, poeta, escritor… de bolsillos agujereados. Las ejecutivas lo transforman en dirigente economista y calculador, capaz de sacar rédito a cualquier atisbo de oportunidad financiera, un genio de los nichos de mercado. Para las macarras, sabe ser el más duro de cualquier panda. Mimoso para las mimosas. Independiente para las libres. Hablador para las conversadoras. Bailarín para verbeneras. Melómano para concertistas.

Los días de mucho sol, Olmo no da sombra. Los días de lluvia, se convierte en pez.

Más que habilidades sociales, lo de Olmo es un éxito social incalculable. Jamás vi a nadie igual. Se adapta a cualquier persona y circunstancias, que desde el primer minuto lo aceptan para siempre en sus círculos, por muy selectos que resulten.

Hay una única cosa que a Olmo se le resiste. Frente al espejo se convierte en reflejo. Reflejo del reflejo del reflejo… Olmo jamás se ha visto. Olmo no sabe quien es.

historias

Todo el mundo tiene una novela dentro. Cualquiera de las personas que viaja con nosotros en la guagua, ahí, en su silencio, custodia un puñado de capítulos, de anécdotas, de personajes y misterios. Muchas nacieron con ella, la venían ronroneando desde siempre. Cosas de la genética. Otras hilaron cientos de fragmentos, a modo de trapera, entre lo vivido y lo escuchado. También hay quienes componen día a día sus historias, se las encuentran por la calle o simplemente las inventan.

No a todo el mundo le da por escribirla. Y menos mal, que ya andan las estanterías repletas de libros que nadie abre.

sin título

2015

Tengo una soledad abarrotada de ausencias

un montón de abrazos traslúcidos

hologramas que no calientan

recuerdos que me atraviesan

Un año por cerrar, el 15

repleto de despedidas

de voces que ya no suenan

imágenes que retumban.

carta a mi hijo que cumple 12 años

No sé si está bien contarte que eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Lo mejor y lo más grave. Pero no grave de gravedad, sino grave antónimo de leve. Grave de denso, profundo, sólido.

Tu presencia me aferra a la tierra y a la vida. Me conecta con la obligación de seguir luchando, siempre adelante, sin posibilidad de rendirme. Tu sola presencia me obliga a estar, a insistir.

Tu existencia me obliga a coleccionarte seguridades, al tiempo que me bombardeas a preguntas.

Hay una alegría vital implícita a este compartir
a esta complicidad
veces cómica
veces salpicada de broncas
y límites

Gajes del oficio de padre, del padre en que me convertiste hace hoy 12 años, a las 12 del mediodía del 30-11-03. Capicúa, sí, que no significará nada, pero ya sabes que me entretengo con estas tonterías.

Gracias por venir. Aunque, como decía, no sé si hago bien contándote todo esto, porque a ser padre no se aprende estudiando. No hay remedios ni recetas en los muchos libros que estudié y rebusqué.

En esta relación somos dos novatos, tenemos la misma antigüedad en nuestros respectivos oficios.

Disculpémonos los errores, estamos aprendiendo.

Estamos viviendo.

sin beso nos quedamos

¿Recuerdas el beso que no nos dimos?

¿Aquel que quedó atrapado entre nuestros orgullos, encriptado en el silencio ruidoso de nuestros egos?

¿El abrazo que pudo ser y no fue, el que nos asomaba reprimido en las miradas de despedida, con los brazos inmóviles y la sonrisa rota?

Ese calor que no sentimos
que dejamos evaporar
circulará por otras brisas
otros brazos
o acabará dejándose llover en algún páramo
haciendo charco
para cualquier sapo.

tarde de domingo

La tarde de domingo se pliega, como todas
como retroceden las olas al llegar a lo más alto de la orilla
lo más lejos que saben
que pueden
se atreven
según la hora
según la ola

Y en cualquier trinchera
dos gametos se juntan y fecundan
para ser paridos en cualquier barricada
para echar a andar entre la balacera
intentando volar entre misiles.