No sentirse pequeño. Creer que ya se llegó a la meta, que ya se descifraron los enigmas y se asimiló todo lo que había que aprender… ¿Eso?, eso no es más que otra forma de rendición, de claudicar a la arrogancia, esa armadura incierta.
ideas
un rato
¿Y si chapoteamos en el sinsentido? Un rato solo, anda. Por relajarnos de corduras y otras culpas… solo un momento. Luego, en seguida, volvemos y cuadriculamos de nuevo el universo en diminutas coherencias. Venga, vamos, déjate llevar… Que un día es un día.
desahucios semánticos
Un sinfín de significados desahuciados de sus palabras se movilizan y constituyen el Frente Semántico Amplio. Reclaman los sonidos de los que fueron expropiados, con el único fin de reurbanizar con ruidos los discursos.
Denuncian el impacto intelectual, la desertización del pensamiento, convertido en áridas onomatopeyas, en ecos sin contenido, retumbando huecos en bocas mitineras y tertulianas, voceras de multinacionales y banqueros.
buscantes
Resaca vacía
impotencia ciudadana
no me tienta el asiento
pero necesito este segundo
la complicidad silenciosa
un apoyo sin palabras
que te sepa y me sepas
sin entender
para qué mentir?
perdidos
insatisfechos
buscantes
solo hay ese aliento
saber que somos más
deambulantes
desarticulando el terror
buscando aire
al otro lado de la farsa
de la estadística
y los derechos de papel
no interpretes
no pretendas que crea
no comprendas
ni a ti ni a mí
NADA
no escondas tu pánico en discursos
palabras entrelazadas
conceptos rimbobantes
pompas de jabón
no intentes distraer el vértigo
no pierdas más tiempo
la solidaridad de los perdidos
no hay más llaves para esta jaula.
como la vida misma
Dando vueltas
y más vueltas
a las mismas cosas
siempre igual
trillando las mismas ideas
preguntas
miedos
respuestas
rutinas
creyendo que basta con seguir adelante
que andar será suficiente para que todo cambie
sin arriesgar
sin echar por otros caminos
sin adentrarse en la maleza
aterrados ante la posibilidad de perdernos
dando vueltas y más vueltas
familia burbuja
La familia burbuja habita una casa de ventanas clausuradas. Tan solo una ranura de luz, rara vez, se cuela por alguna rendija. Estudios de piano que se repiten, de error a error para volver a empezar, forman el único sonido que trasciende al exterior.
La familia sale de su gran burbuja a bordo de otras más pequeñas, vehículos de alta gama que llevan a los chicos a la burbuja del colegio de pago, al despacho de Papá burbuja, al centro comercial, al club social.
La familia burbuja lee periódicos jabonosos que perfuman la realidad. Esos que los domingos se promocionan regalando gafas bien oscuras, para evitar que la miseria, ésa maloliente, les deslumbre.
Papá burbuja echa pestes de sus empleados, que deambulan descalzos y desnudos por el mundo real. Los chicos hacen suya la desconfianza, ojeando la vida desde el otro lado del cristal.



