reinventarse



En ocasiones no queda otra que reinventarse. A fuerza de repetición, todo sigue igual. Y no tiene nada que ver con ser constante o abandonar. Tampoco con la coherencia, pero sí con la necesidad de cambiar los guiones si, de verdad, buscamos que la película tenga otro final. Me temo que no basta con retocar los diálogos.

Lo peor, el vértigo. Esas noches en las que la cama se convierte en embudo de paredes deslizantes y te arrastra a un vacío sin ningún maldito reflejo ni un triste punto de referencia. O cuando al mundo le da por hacerse enorme y te deja ahí, tirado, en el más ínfimo de los rincones de tu cuarto.

Va a resultar que lo mejor es dejarse llevar por el impulso kafkiano, por mucho que los demás insistan en que nos hemos convertido en bichos raros.

Siempre creí que la inteligencia se pone a prueba con la adaptación a situaciones nuevas y cambiantes. Ya lo dijo Darwin.

bajo mis olas

ingravidez interior. JLH, 2011

Cien mil leguas de viaje hacia mí mismo
buceando por agujeros oscuros
esquivando bullicios conscientes
ecos de recriminaciones, deseos y eslóganes
vidas pret a porter
objetivos vitales precocinados
biografías desteñidas, heredadas como ropa usada, de  familiares, parejas y amigos…
Buscando al otro lado de mis sueños
de mis miedos
Allá adentro
donde los oídos pitan, casi revientan
en el epicentro de la nada
Hasta donde el oxígeno me alcance…

bajo mis olas

ingravidez interior. JLH, 2011

Cien mil leguas de viaje hacia mí mismo
buceando por agujeros oscuros
esquivando bullicios conscientes
ecos de recriminaciones, deseos y eslóganes
vidas pret a porter
objetivos vitales precocinados
biografías desteñidas, heredadas como ropa usada, de  familiares y amigos…

Buscando al otro lado de mis sueños
de mis miedos 

Allá adentro
donde los oídos pitan, casi revientan
en el epicentro de la nada
de mi silencio

Hasta donde el oxígeno me alcance

motores de la historia


La información llega ahora por muchísimos canales, en enormes cantidades, muy superiores a lo que mi cerebro es capaz de asimilar. He leído kilómetros de titulares y artículos, he clickeado en centenares de enlaces, visualizado vídeos e informativos, escuchado infinidad de audios… sobre las movilizaciones de los países árabes en estas últimas semanas. Al ritmo que puedo voy procesando, pero hay preguntas que me hice al empezar a digerir los hechos a las que aún no le encuentro respuestas.

Me ha quedado bien claro que del lado de Mubarak ha estado siempre Occidente y, sobre todo, Israel, pues le ha servido de cerrojo a Gaza y otros favores inconfesables. También que éste y sus colegas de Túnez, Yemen… se han engordado durante décadas a costa de recortar los derechos de sus ciudadanos con el visto bueno de las grandes potencias, a las que les ha mantenido el status quo en la zona.

Lo que no me queda tan claro es esta presunta generación espontánea de revueltas cívicas en favor de la democracia. Ni que decir tiene que los levantamientos populares en contra de las tiranías me alegran profundamente pues, queramos o no, la historia se mueve a golpe de alzamientos. Otra cosa es que me crea a pies juntillas esto del contagio de un país a otro o lo de las ciber-revoluciones ni la sobredimensión de las TIC y las redes sociales en estos asuntos. Ni siquiera que estemos presenciando una revolución, en el sentido estricto del término.

Significativo me resulta que los líderes de la UE reclamen la convocatoria urgente de elecciones. Y que la administración Obama guarde un más que prudente silencio o, como mucho, se preocupe de cómo tratan a la prensa en Egipto. (¿Recuerdan cuáles eran sus posturas hace unos meses ante la masacre marroquí en el Sahara? Nada que ver).

Por todo eso, sigo preguntándome quién está realmente detrás de las movilizaciones. Si, a pesar de la euforia generada también en muchos medios de comunicación progresistas, esto no será más que un lavado de cara, un relevo de tiranos por demócratas que, al fin y al cabo, seguirán secuestrados por los mismos intereses, opine lo que opine la ciudadanía.

Con todo, reservo un ápice de esperanza, consistente, fundamentalmente, en que la población tome consciencia de su poder, de su protagonismo, y que siga adelante, más allá de lo que puedan haber diseñado quienes orquestaron estos derrocamientos, sospecho, desde despachos muy alejados de las costas mediterráneas.

dilemas

A cara o cruz.
A un extremo o al otro.
Seguir dando vueltas a lo mismo sin moverse ni un milímetro del lugar de siempre.
Quemar todas las naves.
Guardar la ropa.
Hacerse nudista crónico.
Al fondo a la izquierda o saliendo a la derecha.
El pájaro en la mano se desconsuela del libre revoloteo de la bandada.
Cinturón, tirantes y arnés o confianza, que la vida proveerá.


Nos + Tros, 2011

Hay momentos en los que hasta puedo llegar a comprender esa tendencia ancestral de la humanidad a adorar deidades. Todo a cambio de una justificación de lo inexplicable, por un sentido, aunque ilógico, que haga llevadero lo irracional de la vida cotidiana.

erosiones

Fueron los primeros. Nadie confiaba en ellos. ¿Cómo se atreven?, les decían. Serán ilusos, rumoreaban entre risas.

Pasaron los años y supieron esquivar los momentos de desánimo, que fueron muchos. 

Unos pocos se sumaron a la tarea. El viento, la bruma, la lluvia, las olas…

Con ellos llegaron los logros y, con éstos, más apoyos. Algunos se atrevieron a enraizar, profundizando en la labor, trabajando desde dentro.

Pasaron siglos y los osados se organizaron. Se constituyeron en pisos de vegetación, especializándose en cada tipo de suelo.

Así fue posible y, a pesar de la desconfianza, la roca acabó en la orilla, hecha arena.

brumas


Hay días de neuronas enterradas
que esconden ideas bajo las piedras.


Ésos en que los axones giran desorientados
entre brumas espesas
confusas.

Días en que toca aguardar
por si se disipa la niebla
y, con suerte, al fango lo arrastra la lluvia horizontal.