Le daba tanto miedo lo desconocido que decidió convertirse en dios, dictar normas e inventar profecías para todo lo que no le alcanzaba el entendimiento.
biografía
La pensaron y diseñaron para ser una bota.
Buscaron los materiales, los cortaron, los cosieron y los pegaron para convertirla en el calzado que se esperaba de ella.
Así y todo, después de mucho andar, no lo pudo remediar. Acabó por dejar florecer lo que llevaba dentro.
Y qué otra cosa podía hacer, si siempre quiso ser una maceta. Una dulce y acogedora maceta.
domingo
Era domingo, tenía el día libre y decidió dedicarlo a ordenar su universo. Ése que gravita en los escasos cincuenta metros cuadrados de su casa.
Comenzó por hacer hueco a los libros que pernoctaban en la mesa del salón desde hacía semanas. De camino a la estantería, cayó en el interior de uno de ellos, desapareciendo durante horas.
Salió de aquellas páginas en busca de un marcador, pero en el cajón donde los guardaba se sumergió en una nota manuscrita. Ésta lo llevó, como autómata, al calendario y, de allí, al ordenador. Saltó de una ventana a otra, saludó, contestó, buscó música y visionó algún que otro vídeo… Cuando logró desprenderse de la pantalla, deambuló sin rumbo por las habitaciones, hasta que en una de ellas comenzó a doblar y guardar ropa, distraído, pensando en sus cosas. Un botón flojo lo llevó a la caja de los hilos, junto a la de las fotos. Y, claro, claro que se zambulló en ellas, entre amistades olvidadas, paisajes perdidos, amores insípidos, rencores perversos… o, tal vez, viceversa.
Cuando volvió, ya tenía hambre. Hizo unas llamadas en busca de compañía para el almuerzo y la sobremesa. A los pocos minutos, salió de casa. El baño quedó empañado y revuelto, como el resto de su universo, más habitado y revuelto que al amanecer de aquel domingo.
como tetris
la caja
Allí estaba, dentro de aquella caja. Lo tenía delante de sus narices. En la oscuridad de su interior acartonado descansaba el resumen de sus muchos anhelos, de tantas horas de ausencia en incontables noches en blanco. Unas finas paredes lo separaban de todo lo que había soñado, aunque ni siquiera era ya capaz de recordar desde cuándo.
Aquello le proporcionaría la alegría que le faltaba, la seguridad en sí mismo, el reconocimiento social que siempre deseó. Bajo aquella tapa reposaba la Tranquilidad, con mayúsculas, la Calma, el fin de los conflictos. Allí estaba el afecto, la compañía, todo lo que podría reconfortarle.
Ese cubo contenía las llaves de su felicidad, el acceso a la sonrisa eterna, a la lucidez constante, a la palabra exacta en el momento preciso. Abrir su tapa era liberar su paraíso particular…
Era increíble. Lo sabía. Vaya si lo sabía. Por eso, seguramente por eso, decidió no abrirla, volver a guardar la caja en el desván. Como cada noche desde hacía tanto.
piedras
puertas
Javier López, 2011
Hay puertas levantadas por el miedo
y puertas que atajan la corriente
Algunas, al cerrarse, se abren a la intimidad
Otras ni abiertas dejan salir la soledad
Hay llaves perdidas que nadie busca
y umbrales que mejor no cruzar
Hay puertas que invitan a soñar entre sus rendijas
y puertas que no hay más remedio que tumbar





