Desnudez sin prisas

Buscaba imágenes para acompañar no sé qué reflexión o dislate, cuando me encontré este cuadro de no sé qué autor. Me dejó tan relajado la escena que olvidé el cuándo, el cómo y el qué iba yo a escribir.

Así que ahí les dejo, con esta mujer tranquila, en la frescura de su desnudez sin prisas.

Opciones

Durante la caída desde lo alto de un rascacielos, se decía a sí mismo: “Por ahora todo va bien”. Y se divertía jugueteando con las corrientes de aire, disfrutando del paisaje que descubría desde las nuevas perspectivas.

Durante la caída de lo alto de un rascacielos, se aterró tanto pensando en el porrazo que inevitablemente se iba a dar que su corazón, agarrotado, no soportó la tensión. Un infarto lo mató minutos antes de llegar al suelo.

realidades concéntricas

Las realidades se superponen, concéntricas, coetáneas.

Me sumerjo en mundos opuestos que conviven en planos geográficos comunes, aunque sin verse. Quizás, sin querer conocerse.

Paso unos días con jóvenes atrapados en biografías perversas y, sólo unas horas más tarde, celebro la luna llena con mujeres que sueñan con mundos justos, organizando bancos de tiempo solidario, dejando que fluya la energía, cuestionando roles sexuales…

Poco después, otra mujer llora una relación muerta y asume el luto por los años felices que pasaron, sacando fuerzas para esquivar las culpas por el amor desvanecido, los tics y otras dependencias.

El otoño avanza y, aunque el calor persiste, el estado gripal se instala en mis huesos, con ese ligero cosquilleo superficial que anuncia la llegada de la fiebre.

Rumbo

Estaba en días revueltos, de cambios y decisiones. De frustraciones cotidianas, compromisos y sueños por resolver. En eso andaba cuando, de pronto, se abrieron algunas puertas rebosantes de retos. Y, con ellas, las dudas, acompañadas de algún que otro miedo: ¿Seré capaz?, ¿estaré a la altura?

En la mochila, lo aprehendido y vivido: un puñado de habilidades, un montón de conceptos algo mohosos, la mirada atenta, la percepción encendida, la confianza en la intuición y el reflejo creativo… Al timón, el siempre delicado cultivo de la serenidad.

Al otro lado: un mundo por descubrir y descifrar.

Eleven anclas. Zarpamos.


La Jurria

No conocía la palabra. Tampoco a quienes me la enseñaron, pero nos bastaron unas semanas para descifrarnos y encontrar puntos de coincidencia, aficiones e inquietudes comunes, ésas que nos empujaron a poner en marcha este proyecto de crear una revista de y para la juventud de La Victoria de Acentejo, con un puñado de ideas en los bolsillos y mucho camino por descubrir.

Hubo encuentros y desencuentros, facilidades y tropiezos, momentos de euforia y desesperanza, pero aquí está. Aunque este primer número no es la meta, sino el comienzo de un compromiso con nosotros mismos, con un trabajo que ilusiona a los jóvenes y no tan jóvenes que la hemos soñado, discutido, definido y materializado.

Para algunos es un «derroche». Otros no verán en ella más que una floja revista más. Para quienes la hemos parido, en cambio, es el resultado de la conjunción del trabajo y la creatividad de un colectivo que opta por invertir su tiempo de ocio en descubrir y crear, en equipo, compartiendo y difundiendo cultura, valores… ingredientes siempre escasos y que, de no ser por esta jurria, se diluirían en la esquina de cualquier plazoleta, entre apatías, frustraciones y vaya usted a saber qué malos humos.

Según el diccionario de canarismos, jurria es una reunión de muchas personas.
Si pinchas en la imagen, accedes a la revista en formato PDF.

Hipatia


Hipatia mira al cielo, intenta descrifrar la armonía del Universo. A su alrededor, los humanos se acribillan en nombre de sus dioses. Como siempre.

La estética del Ágora de Amenábar, mejorable. Me quedo con el personaje: una mujer en busca de respuestas, que no cede a verdades impuestas, por muy sanguinarios y poderosos que sean sus inquisidores, pero que tampoco permanece al margen de los conflictos de su tiempo.