En los colores del atardecer

When your whole world is shaken from all the risks we have taken
Dance with me, dance with me in to the colours of the dusk

Cuando tu mundo se ve sacudido por todos los riesgos que hemos tomado,
baila conmigo, baila conmigo en los colores del atardecer (o crepúsculo)

When you have awoken from all the dreams broken
Come and dance with me, dance with me into the colours of the dusk.
Dance with me in to the colours of the dusk.

Cuando has despertado de todos los sueños rotos,
ven y baila conmigo, baila conmigo en los colores del atardecer
Baila conmigo en los colores del atardecer

The paths we are walking on, they crumble behind us
But if we leave now, they will never find us
And if this crazy world spins itself down to dust
I want to be with you in to the colours

Los caminos que andamos se derrumban detrás de nosotros
pero si nos vamos ahora, nunca nos encontrarán
Y si este loco mundo gira sobre si hasta que se haga polvo
quiero estar contigo en los colores.

When you again start hoping with your arms wide open
Come on dance with me, dance with me into the colours of the dusk
And all will be right dancing like water with the light
Dance with me, won’t dance you dance with me in to the colours of the dusk?

Cuando empiezas otra vez a tener esperanza con tus brazos completamente abiertos
ven, baila conmigo, baila conmigo en los colores del atardecer
y todo estará bien bailando, como el agua con la luz
Baila conmigo, ¿querrás bailar conmigo en los colores del atardecer?


Colours, de Ben Harper

La naturaleza espontánea

imagen: Ana I. Martín

Del Tao Te Ching, el libro del Tao, de Lao Tse:


La suprema bondad procede como el agua.
El agua llega a todas las cosas y las favorece, porque no busca el poder.

El agua permanece en los lugares que otros desdeñan.
Esto hace que se parezca al Tao.

Viviendo halla la alegría de vivir.
Sintiendo encuentra el sentimiento.
Siendo amigo de todos encuentra la armonía.
Ama la veracidad en sus palabras.
Ama el orden y la justicia en el gobierno.
Actúa con justa medida y es oportuno en la acción.

Así, al no haber lucha, no se impone, no existe el daño.

Tobogán

Me deslizaba. La caída era, por momentos, divertida. En otros, provocaba cierto vértigo. Los giros, aunque parecidos, resultaban diferentes, únicos. Pese a todo, había poco que descubrir, el camino estaba hecho. Apenas dejaba margen para maniobrar o improvisar. A juzgar por el aspecto, muchos lo habían recorrido antes. Así que me dejé llevar, disfrutando del paseo, encontrándole el lado lúdico a los baches y el meneo.

Para el día después


Las píldoras del día después son un invento, sí, pero deberían desarrollar más la idea, buscarle nuevas aplicaciones. Me encantaría tener pirulillas de ésas para otros muchos usos.

Estaría bien disponer en la farmacia más cercana de pastillas para borrar cualquier metedura de pata del día anterior: la frase que soltamos en el peor de los contextos; el gesto que delató lo que realmente pensábamos, el que nos desnudó ante un público inadecuado; el exceso de sinceridad o espontaneidad que provocó un largo silencio y miradas perdidas entre los tertulianos; el bloqueo mental que nos dejó sin ideas ni respuestas cuando más las necesitábamos; la mirada que no correspondimos; la que nos empeñamos en materializar, sin éxito; el silencio que no fuimos capaces de romper y nos dejó la boca del estómago hirviendo de emociones…

Sería genial. Bastaría con dejarla reposar en la lengua, un trago de agua… y ¡zas! Asunto eliminado.

Des-generad@

Lo decidió una mañana. Iba a convertirse en des-generad@.

Por eso, no sin algo de esfuerzo, se borró todos los estereotipos aprendidos, los comportamientos, maneras y castraciones que debían adornar a los seres de su sexo.

Cepilló de un plumazo los roles adquiridos, las poses y rituales de cortejo.

Dejó de llamar lado masculino a su afán de prosperidad, a su lucha por la vida.

No volvió a tildar de femeninas ningunas de sus emociones.

Libre de semejantes limitaciones, se adentró en su nueva vida de des-generad@.

Fue así como empezó a ser persona.

Aquelarre

Este fin de semana me invitaron a celebrar la luna llena en medio de un bosque de Tenerife. Una suerte de aquelarre promovido por un círculo de mujeres que mantienen vivos rituales procedentes de indias americanas, mestizados con Chin Dao, masajes Shiatsu, comidas compartidas, músicas, bailes, cuentos, teatro…

El hilo conductor del encuentro fue un intento de aproximación, de reflexión, de puesta en común más que debate, del eterno tema: ¿Cómo vemos al otro género? ¿Qué esperamos de ell@s? ¿Qué estamos dispuestos a compartir?

Ya lo he reflexionado en este blog otras veces: Las mujeres, desde las sufragistas hasta ahora, han protagonizado su cambio. Mientras, nosotros nos hemos quedado rezagados. Unos, anclados en la comodidad de la jerarquía de los modelos pasados. Otros, siguiendo el ritmo de sus cambios como buenamente podemos.

En el encuentro sincrético del fin de semana, salían a la luz otros aspectos que me interesan mucho más. Por una parte, cómo ellas siguen asumiendo la «supervisión» o la «responsabilidad» de las tareas de intendencia familiar y nosotros, lo relativo a la economía. Básicamente porque continúan latentes los roles que hemos mamado y la presión social. Por otro, que nosotros continuamos perdiéndonos todo lo relacionado con la comunicación de los sentimientos y las emociones, que permanecemos anclados en la competitividad, en las miles de formas que hemos inventado para medirnos el pene: la cilindrada del coche, el fútbol, la nómina, el cargo…

Por el camino, muchas han perdido el norte del desarrollo y la igualdad, extraviándose por los laberintos de las luchas de poder.

Así las cosas, no deja de ser significativo que un encuentro de estas características parta de la iniciativa de un colectivo de mujeres. Me cuesta imaginarlo promovido por hombres, aunque sólo sea entre nosotros, para repensar qué ha sido de nuestro rol, hacia dónde va o queremos ir.

Todos, resumiendo, seguimos obstinados en ese viejo debate de los géneros y las relaciones entre sexos, olvidando que, quizás, la cosa no vaya más allá de ser simplemente personas: seres autónomos, emocionales, creativos, capaces, independientes… y, por supuesto, con el legítimo derecho a sentirnos perdid@s en cualquier tormenta.