Cibermordazas

Limitan la libertad de expresión en Internet. Se inventan una ley para obligar a rectificar y multar hasta con 10.000 euros a los ciudadanos que opinen de forma indebida.
No hablo de China. Tampoco de Cuba. Es el proyecto de ley Alfano, de la europeísima Italia. ¡¡¡ Toma berlusconada !!!

Para más información, pincha aquí.

Sonriente


Lo vi este fin de semana varias veces. Aparecía y desaparecía, por casualidad. Cruzaba las calles en zigzag. Entre la multitud acalorada, de trajes planchados y rostros tensos. Su gesto feliz, sonriente, rompía el ritmo de vértigo, con sus pies descalzos y sus harapos mugrientos.

Nuevo libro de Pepe Naranjo

La objetividad no existe. Así que no me esforzaré en ocultar que Pepe es un amigo. Ni que desde el principio, como a muchos, me hipnotizó con el estilo, el ritmo y la chispa de sus escritos.

Años después, y ya han pasado muchos, centró su labor periodística y de investigación en la migración. Eso sí, sin oportunismos, con la honestidad y humanidad que le caracterizan. No en vano sus trabajos le han hecho merecedor de varios premios. Y sigue siendo el de siempre.

Ahora acaba de presentar un nuevo libro, Los invisibles de Kolda. Historias olvidadas de la inmigración clandestina, que ya debe de estar en las librerías.

En esta ocasión nos narra la historia de 160 jóvenes senegaleses, desaparecidos sin dejar rastro en medio del océano, cuando viajaban en patera rumbo a Canarias. Pepe llegó hasta Kolda, la aldea natal de las víctimas, para rescatar sus vidas de boca de sus familiares, de los organizadores de este viaje de final macabro y también escuchó a quienes los aguardaban en la otra orilla.

Aún no lo he leído, pero lo haré. Esta vez no esperaré a que la casualidad lo ponga en mis manos, como ocurrió con su libro Cayucos, que lo encontré en un puesto del Rastro de Madrid, al precio de un euro. Un honor que compartía con obras de Cervantes, Cortázar, García Márquez y otros grandes de las letras castellanas.

Para saber más de Pepe Naranjo, no dejen de visitar Los invisibles.

Entrevista en la Cadena SER

Noticias

Bochorno insufrible de tarde dominical. En esos momentos me vuelvo anacrónico y me entierro en periódicos de papel, que me ayudan a digerir el sopor entre la casi imperceptible brisa que entra por todas mis ventanas abiertas. Un ritual que siempre acaba con esa vacía sensación de «total, ¿para qué?».

Continúan, pica que te repica, esculpiendo el mito de Michael Jackson, ése más que sospechoso de pedofilia, el que se autolesionaba en busca de una estética imposible. Recuerdo los dibujos animados de los Five que vi de pequeño, lo único interesante que me queda de él. Aunque prefería los de los Glober Troter, la verdad.

Al otro lado del planeta, siguen saliendo prostitutas de Berlusconi que ahora cobran por contar sus orgías. Como si quedara alguien por enterarse de los delirios del personaje. Como si, italianos y aznarines aparte, quedara ser vivo que lo soportara. Me niego a leer la vida sexual de semejante esperpento.

Por si éramos pocos, va la iglesia hondureña y se alinea con el golpista Micheletti. Por una vez que todo el abanico internacional cierra filas en defensa de un presidente derrocado a punta de pistola.

¿Ven como tenía yo razón? Total, ¿para qué? Casi mejor me dejo vencer por el calor y me duermo sobre este pegajoso sofá. Ah, cuando consiga trabajo, recomiéndenme que instale aire acondicionado en esta casa.


personaje


Llevo días dándole vueltas a una historia para escribir: la de un tipo al que mandan al paro, que se queda petrificado, totalmente descentrado, con la vida congelada y la cabeza dando tumbos entre la hiperactividad y la neblina espesa.

Empecé a imaginar, a sentir cómo el fulano pasaba del cabreo a la flagelación, a sumergirme en sus rituales de castigo, enumerando fracasos, sintiendo su impotencia. Calculadora en mano, intenté ajustar sus cuentas, tragué saliva al afrontar sus impagos, agaché la cabeza en busca de cualquier otro trabajo…

En eso estaba cuando se me fue la vista más allá de la ventana, persiguiendo el ruido de las palmeras revolucionadas por el viento. Y las nubes oscuras del atardecer hasta me hicieron dudar del sol radiante que me sofocó durante toda la jornada.

Cuando bajé la vista a la calle, en medio, protegiéndose de la brisa, pasó mi personaje. Decenas de personajes como el que yo creí que inventaba.

Tarde colorida de domingo

Lápices / JLH.

Una de las muchas cosas que trajo Saulo bajo el brazo fue la recuperación del placer de pintar, de colorear sin más. Si no llega a ser por él, quizás no hubiera recordado todo lo que me gusta y me relaja.

Últimamente, además, hemos descubierto los mandalas. Una especie de meditación que se basa precisamente en eso, en colorear formas habitualmente simétricas y circulares. Éstas, como suele pasar, arrastran un cuerpo teórico de lo más denso. Con sus reglas, interpretaciones y demás fanfarria. Nosotros, muy en nuestra línea, lo hacemos a nuestra bola. Coloreamos, que es lo que en realidad nos divierte. Veces ponemos música, veces hablamos, veces compartimos silencios o nos peleamos por el lápiz de ese preciso color que iba yo a coger en este justo instante. Ya saben, lo de siempre.

Si quieren profundizar en eso de los mandalas, Google lanza tropocientas direcciones en las que hartarse a información y bajarse diseños para pintar. Prueben. Es una actividad genial para apagar el televisor, los videojuegos o lo que se tercie, y compartir los colores de una tarde de domingo. Que aprovechen.