Tarde colorida de domingo

Lápices / JLH.

Una de las muchas cosas que trajo Saulo bajo el brazo fue la recuperación del placer de pintar, de colorear sin más. Si no llega a ser por él, quizás no hubiera recordado todo lo que me gusta y me relaja.

Últimamente, además, hemos descubierto los mandalas. Una especie de meditación que se basa precisamente en eso, en colorear formas habitualmente simétricas y circulares. Éstas, como suele pasar, arrastran un cuerpo teórico de lo más denso. Con sus reglas, interpretaciones y demás fanfarria. Nosotros, muy en nuestra línea, lo hacemos a nuestra bola. Coloreamos, que es lo que en realidad nos divierte. Veces ponemos música, veces hablamos, veces compartimos silencios o nos peleamos por el lápiz de ese preciso color que iba yo a coger en este justo instante. Ya saben, lo de siempre.

Si quieren profundizar en eso de los mandalas, Google lanza tropocientas direcciones en las que hartarse a información y bajarse diseños para pintar. Prueben. Es una actividad genial para apagar el televisor, los videojuegos o lo que se tercie, y compartir los colores de una tarde de domingo. Que aprovechen.

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