septiembre

Se repite el ritual. Ejércitos de preguntas, proyectos abandonados, fracasos airados… salen de esquinas y cajones. Se abalanzan a mi paso enredándome los pies, desorientando mi equilibrio.

Los deber ser hacen piña y se cuadran frente al espejo de la mañana. Hasta el retrovisor del coche me devuelve imágenes rescatadas del olvido más grotesco.

La nueva cifra que llega proyecta un personaje que nunca fui, el traje a medida que encargaron para mí por estas fechas, hace ya mucho. Un terno en el que no entro, no sé si por grande o pequeño. No es para mí.

No tengo respuestas. Solo sé que los días pasaron en su fluir. Las decisiones eran inherentes a los pasos. Me obligué a probar corsés asfixiantes que no tardaron en amoratarme. Escapar o morir. Y seguí gravitando.

La gente camina deprisa. A veces envidio su decisión, como si supieran hacia donde van. Una misteriosa meta les atrae, como imantados. Los veo pasar. Probé a tirarme a su paso, pero no me arrastran.

Los catecismos que me amamantaron cayeron derrocados por las verdades adolescentes, pero éstas también se desdibujaron al poco.

La única verdad es que no existe ninguna. Ni metas. Ni fórmulas. Ni trucos. Ni atajos.

Qué difícil llegar a puerto sin faro, cuando no hay faro ni orilla.

cuerpo de pez

Vuelvo al agua y la sal

a la ingravidez de la marea

en el atardecer de un nuevo verano

 

La espiral me devuelve

al niño de cuerpo de pez

que juega a incorporarse al empuje de la ola

Me trae la ilusión de la orilla

el revolcón fresco de la espuma rota

 

Vuelvo al agua y la sal

a la ingravidez del verano

a dejarme mecer

flotando entre las calmas

al cosquilleo de la arena bajo los pies

al brillo de las piedras mojadas

 

Vuelvo al salitre

al silencio del rompiente

a la cabeza sin palabras

 

Vuelvo al agua y la sal

Aunque ésta sea otra tarde

de cualquier otro verano.

batallas

Acecha

a la espera de un silencio oportuno

Se cuela

y pronto se hace fuerte

enturbiando

una a una

todas las ideas

Refuerza las murallas

y despierta el vértigo

Agarrota el cuello

seca la garganta

y avanza con púas por la espalda

Difumina los caminos

les borra los destinos

Congela el aliento

entumece las piernas

derriba las manos

secuestra el aire

Abandera el sinsentido

y enaltece la rendición

Pero basta una mueca

una imagen

un sueño

para recuperar todo

el empuje, los puentes, la intuición

con que derrumbar murallas, sortear abismos, inventar caminos

Porque ni siquiera el miedo

tampoco él

es invencible.