redeconstruirme

Empiezo de nuevo

y bromeo con la eternidad

aunque parasiempre y yo nunca simpatizamos

Puede que pronto vuelva a desmontar todo

por puro placer de reiniciar

Salir de lo conocido

aunque sea bueno

para aventurarme a la nada

convencido de que también podrá resultar habitable

A veces preciso huir del calor

tiritar de frío

volver a colgar los pies sobre el abismo

sentir el viento

resecarme la cara

Morir de miedo

y renacer

tareas

Llevaba días revisando emociones. Como tarde espesa en patio de casa antigua.

Reorganizó el armario de sus sentimientos. Desechó los que habían quedado estrechos, pasados de moda, amarillentos… Los que ya no le hacían vibrar. La oscuridad de los roperos sazona todo de sabor olvido.

Separó batallas para regalar. Aunque siguieran activas, ya no se veía en ellas.

Se reservó solo las imprescindibles, las que seguían retorciéndole el ombligo o le plegaban la espalda. No estaba por dejarse gobernar por su sistema límbico, pero tampoco sabía vivir sin emocionarse. De autómatas insensibles ya estaban los telediarios llenos.

Con las inevitables puso una lavadora, las tendió al sol y dejó que el viento se encargara de airearlas bien. Luego, dedicó toda la tarde a plancharlas, una a una. Mejor sentir sin pliegues, se dijo.

sin más

Se me atragantaron las palabras

las letras se apelotonan

desordenadas

incapaces de describir imágenes

las emociones

el horror

que ya se anunciaban inolvidables

de digestión pesada

inasumibles

 

Revoloteas

estás pero no te miro

Aunque sé que de todas formas vendrás

sin cita previa

Darás un golpe en la mesa

y todo saltará de nuevo por los aires

recuerdos y vísceras girando ingrávidos en madrugadas sin sueño

 

Cuestión de tiempo

lo cotidiano volverá a imponerse

cada esquina encontrará su pieza

 

Lo que no mata, engorda

y ayuda a rodar más fácilmente

emociones

El frío se nos cuela por las piernas y trepa rodillas arriba.

La tristeza se nos posa en la cabeza y se deja derretir, cuerpo abajo, como cera de vela, como chocolate caliente.

El miedo nos muerde la espalda, a la altura de los riñones.

El frío, la tristeza, el miedo avanzan cuerpo adentro, pretenden instalarse en nuestros huesos. Si lo consiguen, si no los sacudimos a tiempo, entonces sí que estamos jodidos.

rota

CLAUDIA 1

Claudia Hass

Ya no sabía si era una virtud o un defecto. En más de una ocasión le había salvado la vida o, al menos, le servía para ahorrarse situaciones desagradables, incómodas. Claro que, tampoco se paró nunca a valorar cómo se sentían los demás cada vez que lo hacía.

Irse por las ramas siempre fue su estrategia preferida. Ese empeño en evitar la realidad, en no mirarla a la cara. Como si las situaciones fueran demasiado complicadas, que lo son, y necesitara tomarse un tiempo para pensarlas, detectar las variables y sopesarlas una a una.

Otras veces simplemente huía. Sin teorizar. Se aburría de la complejidad, de la monotonía de los conflictos, siempre los mismos, repetitivos, incansables, agotadores.

Era uno de esos tics que adquirimos desde pequeños y, a fuerza de resultados satisfactorios, los interiorizamos de tal modo que dejamos de ser conscientes de qué y cómo actuamos. Ni para qué.

Y cuando ya nadie creía que se le iba a quitar la jodida costumbre, ¡zas!, se le rompe la rama. Sí, la verdad, a todos nos dio pena. Por muy hartos que estuviéramos de que jamás contestara de forma clara y contundente, que siempre diera mil vueltas o cambiara de tema y corriera a sus rincones habituales, aquel fue un momento complicado. A nadie le agradó ver que se quedaba en blanco, sin argumentos, y que, por fin, no le quedaba más remedio que saltar y confiar en el poder de sus propias alas, con las que, esta vez sí, se largó volando para siempre.

Acabamos echándolo de menos. Al pájaro y a la rama. Quedaba tan bonita. Sobre todo cuando florecía.

volver

Nada ha cambiado, solo la realidad. Los sueños siguen intactos”

Volví después de algunos años. Demasiado tiempo fuera quizás. Nada era como antes. Las entradas a la ciudad eran otras. Era más grande, se había rodeado de nuevos barrios y los de antes tampoco eran iguales. Mucha gente ya no estaba. La mayoría tuvo que salir, como yo. Muchos mayores se fueron para siempre.

Mi mapa mental de la ciudad, el que me empeñé en conservar, el que recorrí continuamente desde la distancia, archivando recuerdos, desempolvando emociones, refrescando imágenes para combatir el olvido… Nada de aquello servía ya, todo quedó obsoleto.

Busqué los rincones de referencia, pero ya no estaban. Desaparecieron las fachadas que vieron correr mi infancia. Y los rincones de mis secretos de adolescente. Un nuevo decorado ocultaba el paisaje de mi biografía, desdibujándome.

Me perdí en una ciudad que ya no era mía, como nenúfar sin raíces, arrastrado por cualquier corriente, huérfano de recuerdos. Sin historia.

sin beso nos quedamos

¿Recuerdas el beso que no nos dimos?

¿Aquel que quedó atrapado entre nuestros orgullos, encriptado en el silencio ruidoso de nuestros egos?

¿El abrazo que pudo ser y no fue, el que nos asomaba reprimido en las miradas de despedida, con los brazos inmóviles y la sonrisa rota?

Ese calor que no sentimos
que dejamos evaporar
circulará por otras brisas
otros brazos
o acabará dejándose llover en algún páramo
haciendo charco
para cualquier sapo.