maneras de morir

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Acolchar los días para que no arañen
atrincherarse en rutinas, bombardear sorpresas
mantener distancias para que nada huela
ni sude
ni ronche

Amputarse alas previniendo caídas
mantenerse insomnes eludiendo sueños
esquivar el vértigo con rascacielos de verdades
rellenar de mantras el abismo

desvivir muriendo
morir desviviendo

latir al son de un triste
aburrido
procedimiento administrativo

Desvivir

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Qué hago ahora contigo?

espejo

Qué hago ahora contigo?

Cómo desprenderme de ti, si me mostraste los caminos recorridos

En ti vi crecer a Saulo y vigilé sus sueños

Fuiste canal de nuestros guiños, risas y reprimendas

A través de ti repasamos tablas, verbos y chistes

conversaciones kilométricas

Qué haré contigo, ahora que estás roto?

Cómo dejarte en la basura, si me descubriste el universo del sillón trasero

dinosaurios, dragones, seres galáctico y animales parlanchines

Los restos de todas las meriendas

pedazos de juguetes imposibles

Qué haré ahora sin ti, espejo roto?

Como boliches

Javier López

Javier López

Como un puñado de boliches corriendo calle abajo

coloridos

brillantes y desordenados.

Los hay que avanzan veloces y solitarios

dan vueltas sobre sí

y se abren paso sin mirar a quienes van a su lado.

Algunos chocan bruscamente y se separan para siempre.

Otros bajan juntos todo el trayecto, aunque a veces tropiecen y suelten chispas.

Unos pocos zigzaguean sin prisas

comparten tramos de recorrido

a ratos con unos

a ratos con otros

hasta que la pendiente los separa

o, en un giro triste,

quizás fraterno,

ven partir la compañía

que sigue de largo

por otras encrucijadas.

me acompaña la lluvia

Busco palabras que definan la raíz del desconcierto
de donde brotan estas ramas que lo enredan todo

No valen paradigmas globales
que drenen sus lagunas con eslóganes
y se defiendan con mantras de frases hechas
comprimiendo la realidad hasta meterla en su cuadrícula

Sigo adelante
sin resolver mi necedad ni el empeño de comprender el todo
de negar el evidente sinsentido

Me acompaña la lluvia

Me obligo a deshacer los remiendos
escarbo la tierra con la que tapé mil agujeros

Nada sacia para siempre
ni hay con qué reprimir este instinto de calmar

Tengo que dejar de parchear
No me vale cavar nuevos infiernos

Aunque no sé por donde empezar

Me acompaña la lluvia

pasadas las doce

Pronunció la palabra mágica,“ERE”, y mandó a todas las candidatas a hadas madrinas a engrosar las filas del ejército de paradas. Proclamó la república y alzó alambradas para protegerse de cualquier arrogante salvapatrias, de los corsés de las vidas ajenas… Abrió las puertas del campo a los ratones. Convirtió las calabazas en calabazas, aprovechando para experimentar mil recetas de truchas, purés y otros sabrosos inventos. Redescubrió el placer de andar descalzo. Les dejó las camas sin hacer y la ropa sin lavar ni planchar. Que cada cual sacuda sus migas y diseñe sus cartografías. Deambuló por las calles disfrutando de las gentes y la brisa, hasta sentir el rocío de las madrugadas en sus mejillas, renegando del miedo a la medianoche.