invisible



De repente un día decidí hacerme invisible. Quería ser nadie. Que no me reconocieran por la calle, que no me señalaran con el dedo ni tuvieran dato alguno sobre mi persona ni mi vida.



Guardé silencio. Dejé de opinar. No llevé la contraria ni pensé en voz alta. Vestí los colores y diseños que la moda marcó en cada momento. Compré donde todo el mundo lo que todo el mundo.



A los pocos días, nadie me veía. Ni siquiera me echaban de menos. Mejor aún, tampoco me recordaban. Me había fundido en el taconeo de los pasos sin rumbo, entre el abismo de las miradas perdidas y el silencio de las palabras huecas.



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