sin rutina

Hay días en los que no puedo más que envidiar a los dogmáticos, a ésos de orejera y mirada fija, a quienes jamás garraspean ni dudan ni les tiembla el pulso.

Días en los que me gustaría aplanarme el encefalograma y vegetar, disfrutando.

Jornadas en las que no paro de vomitar interrogantes y otras desconfianzas, cuando pagaría por saborear la felicidad de la ignorancia, de la incapacidad de prospección.

… todo porque me asomé a este lunes buscando mi rutina y, para mi sorpresa, nada estaba donde lo había dejado.