creímos

Hubo quien nos hizo creer que las cosas iban seguidas, una detrás de la otra. Que dos más dos siempre eran cuatro y que caminando rectos, sin salirnos demasiado de la línea, nada nos atropellaría.

Fuimos muchos quienes creímos que respirando hondo, contando hasta diez, agachando la cabeza de vez en vez,  cualquier cosa funcionaría.

Nos convencieron de que todas las noches acaban por amanecer, que contando ovejas se difumina la oscuridad, que apretando los dientes el miedo sabe menos agrio.
Así fue que caminamos rectos, respiramos hondo, contamos hasta el infinito, agachamos la cabeza de cuando en cuando, contamos el ganado y casi nos partimos los dientes.
Lo hicimos. Vaya si lo hicimos.
Hasta gritamos, saltamos, lloramos, nos perdimos. Pero, al volver, la jodida duda no se había ido. Aquí seguía, como siempre, atemorizándonos.

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