de sueño en sueño

 
Tener una idea, definirla, estructurarla, escribirla, corregirla, darle ritmo, editarla, encuadernarla…, para que acabe atrapada en una olvidada estantería, es como inmovilizar un sueño entre frías rejas con la única intención de exhibirlo. Eso, claro, si alguien tiene la feliz idea de atravesar la jungla de alguna biblioteca y, además, decide abrir precisamente nuestro libro. 
 
Si todas esas variables se conjugan, si se alinean tantas casualidades, entonces la cosa cambia. El sueño se libera, revive, se reinventa, se transforma arrastrado por las nuevas brisas que lo sueñan.
 
Quizás no se muestra ni se comparte un sueño. Quizás sólo se incita a soñar.
Que no es poco.

adiós, Burka


Burka se fue esta mañana y me dejó esta angustia que dan las despedidas, el vacío que queda tras el adiós a un ser con el que compartí buena parte de sus diez años.

Hace algunas semanas me contaron que su vejez canina comenzaba a pasarle factura, que apenas se animaba a caminar, que comer ya le suponía un esfuerzo. Los veterinarios recomendaban miles de perrerías pero ningún diagnóstico ni remedio. Me hacían tragar saliva.

Desde entonces no he dejado de revivir los muchos kilómetros de paseos compartidos, las risas y los juegos, las fidelidades y obediencias. Tantas confidencias que me escuchó sin pestañear, con plena confianza en su discreción.

También hoy, Saulo tendrá que enfrentarse al concepto de muerte, del que sólo ha oído hablar de refilón. A sus ocho años tendrá que asumir que el animal que se echaba junto a su carrito de bebé con gesto protector, la perra que se convertía en yegua para sus juegos y se transformaba en portera para que lanzara sus primeros penaltis, Burka, ya no lo recibirá más en la puerta ni intentará irse con él a la calle cada vez que salga.

Por eso, los que siguen serán buenos días para recordar su primera y última excursión a la playa, cuando pisoteó todas las toallas que encontró, y las miles de disculpas que tuvimos que pedir. También sus estrambóticas carreras ladera abajo, entre los pinos, a recuperar cualquier piña que lanzáramos para devolvérnosla repleta de babas. Y la lección de naturaleza que nos dio sacando adelante a sus crías… Como la que nos deja hoy, para que no olvidemos que la vida es cíclica y, sobre todo, leve. Muy leve.

Hasta siempre, Burkilla.

contexto y culpa


Hay quienes sacan provecho fantástico de la crisis. Lo sé. Quienes en su nombre bajan los salarios, incrementan las horas de trabajo, recortan derechos y servicios. Quienes en nombre del empleo abaratan los despidos. Lo sé. Hay gente para todo.

Pero también sé de quienes están al otro lado de la crisis, soportándola en primera persona, debatiéndose con la rabia del momento, cuestionándose si toda la culpa es del contexto o si algo o mucho tiene cada uno, por las decisiones tomadas, los caminos escogidos.

Aunque, me apuntan: “¿Qué importa el motivo? Ahora lo que urgen son remedios.” 

Como Benigni


Es inevitable. Hoy me siento como Benigni en La vida es bella (Italia,1997). 

Sospecho que estos días somos millones quienes regateamos la crisis, disfrazamos el vértigo del desempleo, la ansiedad de las cuentas que adelgazan… para que, durante unos años más, los enanos sigan creyendo que todo es mágico, un juego divertido. Eso, que la vida es bella.

Lo que aún no saben es que la crisis no existe, que son los padres.