fundamentalismos

Yo no sé a ustedes, pero a mí esto de la Semana Santa y, concretamente, las procesiones me dan mucho miedo. No, no es un trauma infantil ni nada parecido, no. Pensar que cualquiera de mis vecinos, el quiosquero, la doña de la venta, el joven que hace cola delante de mi en el supermercado, el camarero que me sirve el cortado…, poseídos por un fundamentalismo ancestral, se encapuchan, andan descalzos cargando esculturas por la calle, se flagelan en público… hace que un escalofrío me recorra la espalda. La ciudad se teletransporta a los años cincuenta, huele a dogmatismo por todas las esquinas.

Lo peor es que no puedo sacarme de la cabeza que los personajes que pueblan este oscuro decorado, con quienes convivo el resto del año, podrían convertirse fácilmente en carne de fascismo, en brazo ejecutor de cualquier intentona autoritaria, quien delate, quien toque a tu puerta cualquier madrugada, quien te haga desaparecer por no seguir el ritual, quien te cubra de cal…

Anuncios

encadenamientos

Trabajas de autónomo para la Administración Pública. Una suerte, en los tiempos que corren. Presupuestaste antes de la subida del IRPF de los Mariano y Montoro, así que acabaste trabajando por un 6% menos de lo que tenías previsto. Cosas que pasan. La Administración se retrasa en el pago. Habitual. Y eso provoca que tú no puedas hacer frente a los pagos a la Administración: Seguridad Social y esas cosas. Tu Administración deudora seguirá debiéndote la misma cantidad hasta que por fin la cobres. Ni un céntimo más. Tu Administración acreedora, en cambio, te cargará un 20% desde el minuto uno de tu retraso. Y así progresivamente hasta el infinito y más allá. ¿Qué le importa al Estado si no le pagas porque el Estado no te paga? Cuando, de repente, un día cobras, vas y saldas tus deudas con todos los sobrecargos correspondientes. Ahora bien, como la burocracia es laberíntica, seguramente no bastará con haber pagado, pues la reclamación de tu impago ya camina sola… Resumiendo, que un buen día te llega una carta comunicándote que les debes lo que ya has pagado. No, peor, lo que ya has pagado y más, con sus debidos sobrecargos. Después de unas horas de mal rollo y perder algo de sueño rumiando “¿qué querrán ahora éstos?”, vas y pierdes una mañana para ir a demostrarles que se equivocan. El asunto parece haber acabado, pero no, ahora te equivocas tú, porque un buen día te encuentras que tienes tu cuenta corriente embargada, que te han pillado el dinero que te quedaba para seguir sobreviviendo y ya sospechas que, de nuevo, se trata de un pago que ya hiciste pero que no se enteran. Otra noche ronroneando, pero esta vez la frase completa: “¿qué querrán ahora estos cabrones?” Total que, con el mismo documento de hace meses, vuelves a perder otra mañana en demostrarles que ya has pagado hace no se sabe cuanto. El funcionario, amargado por sus recortes salariales, te dice con cara de yo no fui que los laberintos de la Administración son insondables y que tampoco se explica que no te hayan comunicado previamente lo del embargo pues, a estas fechas, ya no te pueden devolver de inmediato el dinero sustraído, que volverá a tu cuenta, sí, “de oficio”, dice, pasado un mes y medio, como poco. Deshecho el entuerto por segunda vez, sales a la calle, te cruzas con un amigo, te mira y te pregunta “¿por qué llevas esa cara de gilipollas?” “Es que lo somos”, respondes. Convendrán conmigo en que lo somos.

sueños desvelados

Exhaustos tras el amor cayeron rendidos, con los cuerpos envueltos en los aromas del sexo. Derrumbados sin normas ni reglas, ignorando pactos y rutinas, ocuparon el lado opuesto de la cama y cada uno se dejó dormir en el lugar habitual del otro. Al avanzar la madrugada, se acurrucaron en la almohada ajena, deambulando por los sueños de un subconsciente extraño.

Abrieron los ojos con el tintineo del despertador, a la hora de siempre, en lugares diferentes. En los segundos de tránsito a la lucidez, recopilaron las vivencias oníricas transgredidas. Se levantaron en silencio y entre miradas furtivas se descubrieron invasores e invadidos, forasteros en fantasías impropias, con los silencios desnudos y los sueños desvelados.