Cartón piedra

Disparamos desde la orilla a quienes huyen del hambre. Apaleamos a las personas que trepan por las vallas de nuestras fronteras del Sur. Solo las del Sur.

Nos hablan de transparencia desde una pantalla de plasma. Sin preguntas. Sin respuestas. Prometen lo que al rato desmienten. Ni las imputaciones los separan de los cargos públicos, vuelven a presentarse a las elecciones con las manos sucias, como si aquí no pasara nada.

El partido del Gobierno blanquea dinero en paraísos fiscales, se compara con una ONG y se reparten el botín en sobres sin nombres. La Fiscalía silba, cegata, no encuentra indicios, mientras retiran a los jueces que remueven sus cimientos putrefactos.

Impiden las energías renovables para beneficiar a las multinacionales que nos vampirizan y contaminan, las que les contratan y les dan despachos cuando se les acaba el chollo público.

Jóvenes encarcelados por denunciar la falta de trabajo. La universidad cada vez más cara, más lejos, más privada, más inútil.

Los bancos cubren sus pérdidas con el dinero de la ciudadanía, la misma a la que les quitan las casas, el trabajo, las becas, los medicamentos…

Esto no es un cuento, mucho menos poesía. Es esta democracia de cartón piedra, la nuestra, la que permitimos. No sé ustedes, pero yo necesito soñar otras realidades posibles, seguir creyendo que los derechos humanos no son utopía. La perfección es inalcanzable, pero es vital seguir buscándola. Si no, para qué?

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