Entonces vuelve el día en el que las mentiras que te animan a levantar cada mañana se derriten. Pero no como helado al sol de agosto, no. Más bien como diarrea, con ese mal cuerpo que deja, con sus retortijones, el mal sabor de boca y la cara regañada.
Autor: javierlópex
con todo
Con las zapatillas viejas
el olor de los armarios
los mantras de las iglesias
el vacío
El estruendo de los voladores
las fiestas de mis barrios
la mano de mi padre
el salitre pegado al cuerpo
El reggae, Bob Marley y mi adolescencia
las siete estrellas
las cuestas de La Isleta
ida y vuelta a Las Canteras
El caballo del Guernica
las pelis del Oeste
los sábados por la tarde
el nogal de La Longuera
Las resacas, los insomnios
el niño asustado a las puertas del cole
los segundos que separan la roca y el mar
Bakunin, Marx y otros desencuentros
Los encuadres que busco
los que encuentro
los que me asaltan
Benedetti
La arena entre los dedos
los pies de barro
los desamores y otras páginas amarillentas
las escaleras de colores
García Márquez
mi soledad, que no es tanta pero reconforta
los futuros inciertos
Los portazos que di
los que reprimí
La playa
una
cualquiera
La bruma lagunera
Los sueños
las incredulidades
los trucos para seguir
Saulo
Torón y el otro
Alonso Quesada
la oda al cuerpo de Rivero
mi gastritis y mi colesterol
La curiosidad, toda
Las inseguridades, muchas
Las arrogancias, pocas
Los mitos de los hernández
los de los lópez también
Los abrazos que no me dieron
Los semáforos que me salté
Cortázar, Borges, Kundera
las clases de las que me fugué
las gradas de la cancha de mi viejo instituto
Todo lo que me queda por leer
Los partidos que perdí
los que no jugué
los besos que inventé
las músicas que no bailé
las que olvidé
Todo lo que me sé
y el que me desconozco
Aquí estoy
con todo
contigo
el fumador
banda sonora
Lo hice adrede. Jamás compartí con ella ninguna melodía. No sonaba música en mi casa cuando me visitaba, ni siquiera para amenizar la coreografía de nuestros cuerpos enfrascados en el sudor y el sexo. Nunca fuimos juntos a ningún concierto, solo escuchábamos noticias y tertulias en las radios de los coches
Lo decidí incluso antes de conocerla. Cuando me di cuenta de todas las músicas que me habían arrebatado los amores que archivé, los que me empeñé en olvidar para no revivir más desencuentros.
Cada relación estaba asociada a una banda sonora, melodías que insonorizaba para pasar página, para superar el duelo de los desamores sucesivos.
Así, una a una se fueron llevando a Bob Marley, a Supertramp, a Queen, a Silvio y a Pablo, a toda la Trova junta, a Víctor Jara y al resto de cantautores… Con otras se fueron ACDC, la Polla Récord, Kortatu… También Radio Futura y el pop de los 80. Beethoven, Mahler, Stravinsky, Satie… Ellos también me abandonaron, se marcharon con ellas. Vetusta, De Pedro, Altraste, el Kanka… Todos y cada uno se largaron. Como bienes gananciales a los que no tuve derecho ni parte.
Por eso, fue por eso que decidí no volver a compartir ni un acorde más, no caer en la trampa de anclar ritmos con guiños ni afectos.
Fue entonces cuando apareció ella, que también acabó marchándose. Y con ella, el silencio.
A este lado del océano
A este lado del océano
flanqueadas por hambres ancestrales
guerras subvencionadas
trampas financieras
fascismos realimentados
naufraugios anunciados
gobiernos tramposos
entrampados
horizontes de torres petrolíferas
y turistas de cartón piedra
Con presupuestos que lo legitiman todo
y democracias trileras
A este lado del océano
chapoteamos
y nos celebramos
Sin mirarnos
Sin creernos
Sin querernos
A lo peor no lo saben
A lo peor no lo saben. Veo a esas niñas disfrazadas de novias, a niños engominados ataviados de cantantes de verbenas de los setenta, cargados de regalos, a sus padres, madres y demás familiares sacando fotos a las puertas de iglesias, en parques y plazas, en restaurantes ruidosos de mesas abarrotadas.
A lo peor no lo saben, pero siguiendo los rituales de la iglesia católica -o de otra-, con esas catequesis de años, con los mantras sacramentales, están inculcando a sus hijos mensajes que bien deberíamos ir desechando. Por evolucionar, digo, solo por eso.
Con esas tradiciones, casi sin querer, transmiten a la siguiente generación que todos cargamos con la culpa, por el simple hecho de ser. Una culpa que no se sabe bien qué es ni porqué me cayó precisamente a mí, qué porras habré hecho. Inculcan también que este mundo no tiene arreglo, que hay que estar dispuestos a sufrir a cambio de una recompensa en el más allá (o de una nómina de mierda a final de mes); que lo que ocurre no es del todo responsabilidad nuestra, que no lo podemos resolver.
De paso les cuentan que la homosexualidad es, más que pecado, una aberración, que el sexo, también el hetero, es sucio, salvo que tenga como único fin la reproducción, que eso del placer es ilegítimo y dispara todos los vicios. Les dicen que las mujeres no deben asumir cargos de responsabilidad, que deben cuidar de hijos y maridos, a quienes tienen que soportar para siempre, por muy cáncamos que sean. Les transmiten que la organización ha de ser jerárquica y, en la cúspide, solo hombres.
Si tampoco creen ya en todo eso pero insisten en repetir con sus hijos lo que hicieron con ellos, todo a cambio de no abrir conflictos familiares, de recibir regalos, de no ser mirados como raros… Peor lo pintan si todo vale con tal de ser aceptados o para conseguir recompensas materiales.
Si realmente madres, padres o tutores varios creen en todo eso, no hay más opción que el respeto. Mucho me temo que, en el peor de los casos, ni se han parado a pensarlo. A lo peor no lo saben.
De seres y enseres
De seres y enseres
de trazos y espinazos
de encuentros
de olvidos
De errores milenarios,
dice Ángel González
De miedos y risas
aciertos
despistes
De cuerpos que se encuentran
por azar
por amor
por calor
De silencios
aplausos y castigos
De todos los cuentos de León Felipe
De los mitos de todas las biblias
de todos los macondos
…
De seres y enseres somos