Siempre quiso ser portada de la prensa local. Lo intentó por todos los medios pero no hubo manera.
Era un tipo oscuro, airado por la indiferencia, la ceguera ajena, incapaces de reconocerle sus muchos valores y capacidades.
El vecindario no se percató. Su vida seguía siendo gris pero, de pronto, se le había dibujado una sonrisa.
Ocurrió en su casa una noche. Entraron y la destrozaron toda. A él lo mataron de un solo golpe, después lo descuartizaron con saña, salpicándolo todo de vísceras.
Hicieron un buen trabajo. Ocurrió tal y como lo había encargado.
No se conformaba con ser titular de un día. Quería que hablaran de él, al menos, una semana. Con reportaje en el dominical incluido.
Cuando la vio leer, quiso ser libro, que lo estrujara entre las manos y lo acercara con curiosidad a su nariz, que lo escrudriñara con sus ojos gigantes, sentir el vértigo de caerse dentro mientras pasearan por sus renglones. Quiso sentir su aliento, deleitarse en sus muecas, en el mordisqueo de sus labios al concentrarse y disfrutar.
Cuentan de ella que fue una roca orgullosa
la más alta y retratada
donde todos los humanos querían trepar
pero solo unos pocos lo conseguían
Dicen de ella que, durante siglos
soportó tormentas
nevadas
y temblores
que la fueron desgastando
hasta que aquel rayo maldito la partiera en pedazos
en tantos
los suficientes para que rompiera su equilibrio
y cayera
ladera abajo
triturándose aún más
Así fue como llegó hasta la orilla
donde la marea culminó el trabajo de la erosión
Hoy acaricia la espuma
ola va
ola viene
y dibuja las huellas de quienes andan por su playa
se convierte en castillos
en bolas lanzaderas de juegos infantiles
Y se le ve especialmente feliz
cuando, de noche
brillan las estrellas
sobre su panza arenosa
humedecida por la última ola.
No correré a airearme
a ahogarte con paseos
perderme en los bares
enredarme entre amistades
no perseguiré luciérnagas ni coqueteos
por distraerme entre sudores y sexos
Tampoco tiraré de tarjeta
para alienarme en escaparates teledirigidos
Disparamos desde la orilla a quienes huyen del hambre. Apaleamos a las personas que trepan por las vallas de nuestras fronteras del Sur. Solo las del Sur.
Nos hablan de transparencia desde una pantalla de plasma. Sin preguntas. Sin respuestas. Prometen lo que al rato desmienten. Ni las imputaciones los separan de los cargos públicos, vuelven a presentarse a las elecciones con las manos sucias, como si aquí no pasara nada.
El partido del Gobierno blanquea dinero en paraísos fiscales, se compara con una ONG y se reparten el botín en sobres sin nombres. La Fiscalía silba, cegata, no encuentra indicios, mientras retiran a los jueces que remueven sus cimientos putrefactos.
Impiden las energías renovables para beneficiar a las multinacionales que nos vampirizan y contaminan, las que les contratan y les dan despachos cuando se les acaba el chollo público.
Jóvenes encarcelados por denunciar la falta de trabajo. La universidad cada vez más cara, más lejos, más privada, más inútil.
Los bancos cubren sus pérdidas con el dinero de la ciudadanía, la misma a la que les quitan las casas, el trabajo, las becas, los medicamentos…
…
Esto no es un cuento, mucho menos poesía. Es esta democracia de cartón piedra, la nuestra, la que permitimos. No sé ustedes, pero yo necesito soñar otras realidades posibles, seguir creyendo que los derechos humanos no son utopía. La perfección es inalcanzable, pero es vital seguir buscándola. Si no, para qué?