Rumbo

Estaba en días revueltos, de cambios y decisiones. De frustraciones cotidianas, compromisos y sueños por resolver. En eso andaba cuando, de pronto, se abrieron algunas puertas rebosantes de retos. Y, con ellas, las dudas, acompañadas de algún que otro miedo: ¿Seré capaz?, ¿estaré a la altura?

En la mochila, lo aprehendido y vivido: un puñado de habilidades, un montón de conceptos algo mohosos, la mirada atenta, la percepción encendida, la confianza en la intuición y el reflejo creativo… Al timón, el siempre delicado cultivo de la serenidad.

Al otro lado: un mundo por descubrir y descifrar.

Eleven anclas. Zarpamos.