Padecía de adolescencia mal curada porque, como los catarros, la pubertad que no se ataja a tiempo se convierte en enfermedades terribles y otros monstruos de la inconsciencia. La mayoría, incurables.
En la penúltima te espero
Te esperaré en el penúltimo infierno
bajaremos juntos los últimos escalones
Antes de ser pasto del fuego
reviviremos aquellas tardes alcohólicas e incrédulas
de domingos invernales
combatiendo la humedad con la timidez de un sol brumoso
hasta acabar intercambiando piernas bajo sábanas descoloridas
Me miraré en tu espejo
y no reconoceré a este niño viejo
Refrescaremos los pocos recuerdos que no hayamos vendido
Esos momentos en que vencimos la rutina
cuando no fuimos lo que se esperaba de nosotros
las pocas ocasiones en las que encontramos la rendija y nos atrevimos
Todo lo demás, tiempo perdido
Los pasos que nos dictaron
nunca fueron nuestros
No se trataba de dejar huellas
tampoco de abrir caminos
Tremenda osadía
Solo era cuestión de ser
o dejarse arrastrar
Maldito dilema
En la penúltima, te espero.
La culpa fue del calendario (1)
rendiciones
No sentirse pequeño. Creer que ya se llegó a la meta, que ya se descifraron los enigmas y se asimiló todo lo que había que aprender… ¿Eso?, eso no es más que otra forma de rendición, de claudicar a la arrogancia, esa armadura incierta.
el profeta
un rato
¿Y si chapoteamos en el sinsentido? Un rato solo, anda. Por relajarnos de corduras y otras culpas… solo un momento. Luego, en seguida, volvemos y cuadriculamos de nuevo el universo en diminutas coherencias. Venga, vamos, déjate llevar… Que un día es un día.
Santa Cruz hoy
Los coches pasan veloces por la autopista y sus ocupantes no miran. No tienen tiempo de observar.
Los coches pasan veloces por la autopista y sus radios se llenan las bocas de Constitución para justificar monarquías y pisotear referendos. La misma Constitución que escupen a pedazos, artículo a artículo, derecho a derecho… al trabajo, a la vivienda, a la sanidad, a la educación… A una vida digna.
Los coches pasan veloces por la autopista y las vallas publicitarias distraen de lo que crece a sus pies. Sus eslóganes resultan, más que nunca, insultantes:
“Los niños crecen. Los valores también”, “Tú decides”, “Es un placer”, “Se puede ser feliz siendo diferentes”, “Hogar, dulce hogar”.
Reclamos al consumo entre la miseria. El consumismo tiene los pies de barro, hunde sus raíces en la pobreza de buena parte de la población. El descaro de esto que llaman posmodernidad. Puro capitalismo sangriento.
desahucios semánticos
Un sinfín de significados desahuciados de sus palabras se movilizan y constituyen el Frente Semántico Amplio. Reclaman los sonidos de los que fueron expropiados, con el único fin de reurbanizar con ruidos los discursos.
Denuncian el impacto intelectual, la desertización del pensamiento, convertido en áridas onomatopeyas, en ecos sin contenido, retumbando huecos en bocas mitineras y tertulianas, voceras de multinacionales y banqueros.

