septiembre

Se repite el ritual. Ejércitos de preguntas, proyectos abandonados, fracasos airados… salen de esquinas y cajones. Se abalanzan a mi paso enredándome los pies, desorientando mi equilibrio.

Los deber ser hacen piña y se cuadran frente al espejo de la mañana. Hasta el retrovisor del coche me devuelve imágenes rescatadas del olvido más grotesco.

La nueva cifra que llega proyecta un personaje que nunca fui, el traje a medida que encargaron para mí por estas fechas, hace ya mucho. Un terno en el que no entro, no sé si por grande o pequeño. No es para mí.

No tengo respuestas. Solo sé que los días pasaron en su fluir. Las decisiones eran inherentes a los pasos. Me obligué a probar corsés asfixiantes que no tardaron en amoratarme. Escapar o morir. Y seguí gravitando.

La gente camina deprisa. A veces envidio su decisión, como si supieran hacia donde van. Una misteriosa meta les atrae, como imantados. Los veo pasar. Probé a tirarme a su paso, pero no me arrastran.

Los catecismos que me amamantaron cayeron derrocados por las verdades adolescentes, pero éstas también se desdibujaron al poco.

La única verdad es que no existe ninguna. Ni metas. Ni fórmulas. Ni trucos. Ni atajos.

Qué difícil llegar a puerto sin faro, cuando no hay faro ni orilla.

pasadas las doce

Pronunció la palabra mágica,“ERE”, y mandó a todas las candidatas a hadas madrinas a engrosar las filas del ejército de paradas. Proclamó la república y alzó alambradas para protegerse de cualquier arrogante salvapatrias, de los corsés de las vidas ajenas… Abrió las puertas del campo a los ratones. Convirtió las calabazas en calabazas, aprovechando para experimentar mil recetas de truchas, purés y otros sabrosos inventos. Redescubrió el placer de andar descalzo. Les dejó las camas sin hacer y la ropa sin lavar ni planchar. Que cada cual sacuda sus migas y diseñe sus cartografías. Deambuló por las calles disfrutando de las gentes y la brisa, hasta sentir el rocío de las madrugadas en sus mejillas, renegando del miedo a la medianoche.

pájaros

Sin saber porqué ni de donde venía, sin ni siquiera preguntármelo, entré en una habitación blanca de techos altos que estaba llena de jaulas abiertas. En su interior, decenas de pájaros muertos. Los animales se habían dejado morir porque nadie los había atendido.

Estaban firmes en sus barras, con aparente dignidad, casi orgullosos de su inmóvil constancia, de su negación a salir a buscar su propio sustento.

Algunos tenían las plumas electrificadas, como pelos de puntas de mil colores. Otros, oscurecidos, parecían carbonizados.

No recuerdo el olor, pero sí que todo estaba lleno de excrementos.

Intenté dar de comer a algunos. Me costaba creer que se mantuvieran erguidos después de muertos.

Por fin uno pareció reaccionar. Débil pero se movía.

Intentaba retenerlo en la vida cuando escuché unas voces. Pensé que procedían de otros cuartos de la casa blanca de techos altos. Pronto entendí que venían de fuera de mi sueño y, con ellas, salí de él.

cuerpo de pez

Vuelvo al agua y la sal

a la ingravidez de la marea

en el atardecer de un nuevo verano

 

La espiral me devuelve

al niño de cuerpo de pez

que juega a incorporarse al empuje de la ola

Me trae la ilusión de la orilla

el revolcón fresco de la espuma rota

 

Vuelvo al agua y la sal

a la ingravidez del verano

a dejarme mecer

flotando entre las calmas

al cosquilleo de la arena bajo los pies

al brillo de las piedras mojadas

 

Vuelvo al salitre

al silencio del rompiente

a la cabeza sin palabras

 

Vuelvo al agua y la sal

Aunque ésta sea otra tarde

de cualquier otro verano.

batallas

Acecha

a la espera de un silencio oportuno

Se cuela

y pronto se hace fuerte

enturbiando

una a una

todas las ideas

Refuerza las murallas

y despierta el vértigo

Agarrota el cuello

seca la garganta

y avanza con púas por la espalda

Difumina los caminos

les borra los destinos

Congela el aliento

entumece las piernas

derriba las manos

secuestra el aire

Abandera el sinsentido

y enaltece la rendición

Pero basta una mueca

una imagen

un sueño

para recuperar todo

el empuje, los puentes, la intuición

con que derrumbar murallas, sortear abismos, inventar caminos

Porque ni siquiera el miedo

tampoco él

es invencible.