Agotado

Corre. Y lo hace con todas sus fuerzas, intentando pensar en otra cosa que le haga obviar la respiración entrecortada, sus propios alaridos asmáticos. Descargas eléctricas le sacuden las piernas. Los brazos ya no tienen la firmeza necesaria para mantener la secuencia rítmica del movimiento. El sudor chorrea desde su frente, nublándole la vista.

Se para. Justo en el borde se detiene. En la misma línea del abismo asoman sus pies, que apenas logran mantener su flácido cuerpo agotado.

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