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Mes: mayo 2009
sin cambios
Al entrar al ascensor se cruzó con el vecino de cada mañana. Tras el saludo mecánico y somnoliento, comprobó legañoso que llevaban el mismo maletín.En el tranvía vio decenas de miradas perdidas como la suya, más allá de los cristales, en pasajeros que vestían chaquetas idénticas. La oficina estaba repleta de los mismos silencios, que tejían abismos entre operarios enfundados en camisas iguales. A la hora del café, los locuaces de turno repitieron sus conocidas sentencias sobre temas manidos. Los demás, como cada día, asintieron. De vuelta a casa, se cocinó la receta acostumbrada e ingirió su ración de programación favorita, con los famosos habituales contando sus tópicas miserias cotidianas. Consumió lo que le quedaba de tarde poniendo en su sitio los restos de su caótico universo. La noche le sorprendió sintiéndose el mismo de siempre.
Primavera en Las Cañadas
Este año encontré unos pocos ejemplares enrojecidos. En la ladera que está frente al valle de Ucanca, ya se habían secado muchos, aunque unos pocos aguardaban todavía verdes, en espera de su momento.
Si se animan, no se demoren. Si no, siempre vendrá otra primavera en la que probar suerte.
El sueño
Desde pequeño guardaba en su bolsillo un sueño recurrente. El mismo que acariciaba a escondidas, girándolo con la punta de los dedos cuando nadie lo miraba.
Darle vueltas le proporcionaba la tranquilidad necesaria para afrontar momentos incómodos. Desde las remotas preguntas del profesor al más reciente apilamiento de facturas y otros retrasos.
Era como partir a un viaje secreto, en los que la brisa le daba en la cara, sacudiéndole todo el moho de los sinsabores cotidianos. A su alrededor apenas notaban nada, algo así como unos segundos de ensimismamiento, una ráfaga de ausencia, y poco más.
El sueño fue cambiando con los años, ganando en matices y concreciones. Recurrir a él era ya como volver a casa y sacarse los zapatos para, aliviado de ropa, tumbarse cómodamente en el sofá de siempre, adaptado ya al peso y las formas de su cuerpo cansado.
Tan cómodo era que, una tarde, se entretuvo más de la cuenta. Se dejó dormir hasta desaparecer, sospechamos que envuelto en su propio sueño, el de siempre.



