Atajos

Subía y bajaba aquellos escalones desde que tenía memoria, aunque siempre le parecía que estrenaba escalera.

Los peldaños se le presentaban relucientes, sin arañazos ni erosiones. Sus tobillos conservaban el temblor de la duda a cada paso. Y jamás perdía la emoción, la sorpresa por lo que podría descubrir, observar o sentir en el tramo siguiente.
Por eso nunca pillaba el ascensor y evitaba las escaleras automáticas.