Tu boca

“Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.”
Julio Cortázar. Rayuela. capítulo 7
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Que corra el aire

Después de años de encierro, un día logró abrir la puerta y las ventanas chirriantes para que corriera el aire, refrescar el ambiente e intentar secar las humedades que dejó el largo período de aislamiento.
Fue entonces cuando empezaron a volarse los papeles amarillentos, impregnados de carcoma y viejos recuerdos.
La corriente afloró alergias olvidadas y permitió la entrada a un variado pasacalles, veces esperpéntico, veces divertido, sorprendente.
Personajes solitarios enredados en la ausencia de su propio afecto; arreglavidasajenas que enterraban tras los otros sus muchas dudas pendientes; abrazos sin compartir que aguardaban ahí mismo, a unos pocos pasos de su puerta cerrada; heroínas de teclados trasnochados…
Personalidades que antes sólo se atrevió a prejuzgar tras la protección distante de su ventana cerrada; historias que nunca vivió, que se resistía a mirar de cerca, que no se autorizaba escuchar… 
Ahora, ahora sí tomaban color, sonido, calor y afecto.