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Aznar se enemistó con media Europa y metió al Estado español en una guerra imperialista, de espaldas a la ONU, con el propósito de darle un lugar en el mapa mundi. Eso dijo él. Su puesta en escena, todos sabemos de que forma tan explosiva y lamentable acabó.

Zapatero cumplió la promesa que le dio tirón electoral. Sacó al país de la guerra y se ganó la enemistad del gobierno Bush. Pero, miren por donde, aunque el saliente jefe del Imperio ahora no quiera invitarlo a arreglar su maltrecho capitalismo, resulta que los candidatos a la Casa Blanca dedican minutos de sus debates televisivos a hablar de ZP y del Estado español. Aunque sólo sea para tirarse en cara que no saben dónde está ni quién lo preside.

Por si fuera poco, hasta en uno de los muchos vídeos de campaña presidencial que circulan por Internet, los Republicanos intentan desprestigiar a Obama presentándolo como becario de Zapatero. Casi nada.

Obama – McCain, McCain – Obama. Como cantaba Carlos Puebla, “a mí me parece Ford lo mismo que Chevrolet”.

Resulta sorprendente la campaña que hemos padecido por estos lares en pro de Obama. Ya desde el inicio de la primarias en el Partido Demócrata. Y no sé si la simpatía generalizada por el candidato afroamericano es el resultado de semejante vapuleo mediático, porque el dato de que pueda ser el primer presidente no blanco de EEUU de Norteamérica tampoco resulta excesivamente relevante. Como ejemplo, la todavía secretaria de Estado Condoleezza Rice. Su condición de mujer y negra no ha dado ninguna orientación política que la diferencie de cualquier rubito de ojos azules que haya ocupado ese cargo.

Que los presidentes no son más que meros títeres de las multinacionales y los intereses económicos que los financian, es algo que se ha repetido y demostrado hasta el hartazgo. Precisamente, Barack Obama viene batiendo records de recaudación para su campaña. Por lo que, mucho me temo, con sus decisiones en el despacho oval tendrá que dar buena cuenta de hasta el último de esos centavos.

Gane quien gane, los marines no dejarán de interferir en cualquier parte del planeta para defender los intereses de sus empresas; sus industrias seguirán lanzando basura al espacio y desertizando el Amazonas; profundizarán en la explotación de mano de obra barata allí donde más barata la encuentren; apoyará a Israel en su machaque a Palestina; a Marruecos contra el Sahara… Continuarán invadiendo el planeta con sus productos, y nuestras cabezas con su cultura.

Mucho me temo que, para bien o para mal, por ahora, todo va a seguir igual.