interpretaciones


I. Miró a su alrededor, ató cabos, y lo interpretó todo de muy mala manera. Tras semejante visión no se le ocurrió nada mejor que enroscarse en la espiral de su caracola. Allá adentro, en plena oscuridad, reinventó los motivos, magnificó los daños y hormigonó su lectura del mundo exterior, ése que tanto le desagradaba.

Muy rara vez, con mucho temor, se animaba a sacar una sola de sus antenas para confirmar, cómo no, que todo era aún peor de lo que imaginaba.



II. Miró a su alrededor y, como era de esperar, vio muchas cosas que no le gustaron. También por eso, optó por concentrarse exclusivamente en lo que realmente le satisfacía. En lo que consideró que valía la pena.

Y así fue, zigzagueante y optimista, esquivando todo lo que le desagradaba, sacando el mejor partido a las cosas buenas y los buenos momentos. Ésos que iba coleccionando en la espiral de su caracola, donde sólo entraba para reponer fuerzas y seguir adelante.

Ayer cumplió cinco años

Hace un par de semanas, la madre lo sorprendió jugando con palabras mientras lanzaba pompas de jabón. Le dio tiempo a apuntarlas. Decía algo así:



Vuelan bolitas como mariposas

donde las empuje el viento
con el aire libre

Vuelan bolitas como vuelan los pájaros

en el aire libre
del sol y las nubes

Poeta vuela

donde te empujen los pájaros y las nubes

hasta el castillo.

Saulo López, 15 de noviembre de 2008.

Para mí, sin duda, su mejor frase es la que usa para darnos las buenas noches:


«Te quiero hasta el espacio interior.
Un lugar donde nadie pasa frío.»