Un poeta, del que olvidé su nombre, escribió “soy el éxito de mis fracasos”. Tenía razón. También lo es que el aprendizaje verdadero, el significativo, ha de ser siempre por descubrimiento, pues rara vez aprendemos de los errores ajenos. No sé si por exceso de confianza, casi nunca creemos que las cosas tan malas que les ocurrieron a nuestros vecinos nos van a tocar algún día. A nosotros no, nos decimos, o simplemente no pensamos en eso. El refrán de las barbas a remojar no tiene muchos seguidores.
Sea como sea, me gusta lo que cuenta Borges (estos días voy de maestro en maestro), al convertirlo todo en materia prima del arte.
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