Los prejuicios, la desconfianza entre culturas es inevitable. Para quienes estaban y para quienes llegan, no lo olvidemos, a cumplir también una función socioeconómica en el Estado receptor. Vender la prohibición de símbolos como salvación, atracción y/o extensión del progreso es, sencillamente, un timo.
No se trata de permitir la ablación ni ningún otro ritual violento, castrante. El velo no es más que la manifestación externa de una creencia ¿Van a impedir también que entren con crucifijos a los centros educativos? O, lo que sería aún más ridículo, ¿pretenderán abortar la exteriorización estética de pertenencia a cualquier grupo, tan propia de la adolescencia?
La prohibición no resulta habitualmente el método más efectivo para la desaparición de hábitos, tradiciones ni ideologías.


