Que corra el aire

Después de años de encierro, un día logró abrir la puerta y las ventanas chirriantes para que corriera el aire, refrescar el ambiente e intentar secar las humedades que dejó el largo período de aislamiento.
Fue entonces cuando empezaron a volarse los papeles amarillentos, impregnados de carcoma y viejos recuerdos.
La corriente afloró alergias olvidadas y permitió la entrada a un variado pasacalles, veces esperpéntico, veces divertido, sorprendente.
Personajes solitarios enredados en la ausencia de su propio afecto; arreglavidasajenas que enterraban tras los otros sus muchas dudas pendientes; abrazos sin compartir que aguardaban ahí mismo, a unos pocos pasos de su puerta cerrada; heroínas de teclados trasnochados…
Personalidades que antes sólo se atrevió a prejuzgar tras la protección distante de su ventana cerrada; historias que nunca vivió, que se resistía a mirar de cerca, que no se autorizaba escuchar… 
Ahora, ahora sí tomaban color, sonido, calor y afecto.

teleféricos

Yo, canarión, soy padre de un muchachote chicharrero de madre herreña. Archipielágico que es él, como el padre. Por mucho que intente reprimírmelo, también me ha dado por perpetuarle algunas de mis obsesiones. Así que el pasado puente nos fuimos los dos a la Gran Canaria y, cómo no, resultó  un buen momento para compartir su primera subida al Roque Nublo.
El camino, algo así como un kilómetro y medio, está ahora más civilizado que nunca. Se sube cómodamente y cuenta ya hasta con zonas de aparcamientos. Algo insólito hace unos años. Quizás por eso, el sendero estaba tan frecuentado que casi parecía la Avenida. Sí, la de Las Canteras.

¿Y a éstos va y se les ocurre montar un teleférico aquí?, ¿para qué? Ahora, quien no sube es, básicamente, porque no quiere. Un teleférico en Tejeda rompería el perfil, el paisaje y no aumentaría las visitas que, por otra parte, no creo que sea lo deseable. Visto lo visto la semana pasada, parece más recomendable fijar niveles de saturación y limitar el ascenso. Demasiadas huellas humanas pueden erosionar lo que a la naturaleza le ha costado siglos.


Un poquito de imaginación, por favor, que el futuro de las medianías y las cumbres no pasa por enterrarlas también bajo el turismo de masas.


Por esto, y por mucho más, yo también estoy en contra del Teleférico en Tejeda. Tampoco me parece buena idea el funicular en Garachico, que cuando a los políticos les entra un virus, no veas como se contagian.

Para saber más, pincha aquí

Guinguinbali.com

Hace unos días borré del listado de los blogs De Otros el de Pepe Naranjo, Invisibles. Hacía tiempo ya que él lo había anunciado: «Me mudo a lugar seguro». Me costó eliminarlo, mucho, sí. Y es que me hizo sentir huérfano. Archipielágico nació tras la lectura de Invisibles. Lo seguía y un día me dio por apretar los botones de «crear un blog». Plaf, así nació archipielágico, casi por generación espontánea. Bueno, no tanto, pues se convirtió en el vertedero, en el soporte, de mis viejos relatos olvidados, mis flashes reflexivos de siempre, mis obsesiones cotidianas. A lo tonto, a lo tonto, ha pasado más de un año de aquello, gracias, entre otras cosas, al apoyo explícito de Pepe.
Aunque, claro, tampoco debo ser egoísta. No me voy a poner mimoso ni melodramático. Fundamentalmente porque Pepe no se ha ido. Está ahí, como siempre. Sólo se ha aproximado más a su sueño, trenzándolo con el de Txema y Laura. Juntos han hecho nacer Guinguinbali, el nuevo medio de comunicación virtual que une África Occidental y la Macaronesia por el puente de la información. Una red de comunicación necesaria, que pretende dar luz y posibilitar las relaciones con y entre nuestros vecinos más cercanos, porque, como ellos mismos dicen, muchos olvidan dónde viven.
Lo que he visto, es bueno, muy bueno. Es lo que tiene hacer las cosas con las ideas claras y el corazón. Para los trabajos grises, lamentablemente, ya hay legiones.
Suerte infinita, chicos.

Y que sea lo que sea

Ya estoy en la mitad de esta carretera
Tantas encrucijadas quedan detrás
Ya está en el aire girando mi moneda
Y que sea lo que sea

Todos los altibajos de la marea
Todos los sarampiones que ya pasé
Yo llevo tu sonrisa como bandera
Y que sea lo que sea

Lo que tenga que ser que sea
Y lo que no, por algo será
No creo en la eternidad de las peleas
Ni en las recetas de la felicidad

Cuando pasen recibo mis primaveras
Y la suerte esté echada a descansar
Yo miraré tu foto en mi billetera
Y que sea lo que sea

El que quiera creer que crea
Y el que no, su razón tendrá
Yo suelto mi canción en la ventolera
Y que la escuche quien la quiera escuchar

Ya está en el aire girando mi moneda
Y que sea lo que sea.

timos, crisis, pasiones y otras contradicciones

Cuando lees en los periódicos las cantidades inmorales que siguen embolsándose los especuladores (pincha aquí), quedan pocas opciones. O te vuelves a subir al cabreo crónico contra el sistema, enfadándote especialmente con quienes construyen y difunden los discursos victimistas, aprietacinturones, rebajaderechossociales, abaratadespidos… O miras para otro lado, más amable, dejando de escuchar el romper de las olas  de siempre contra las mismas rocas.
Precisamente, en estos días ociosos de reencuentros con familiares y amigos de siempre, al escucharlos, me desempolvaban debates y pasiones que, hace algún tiempo, ya no hacen vibrar nada en mí. Me dejaron con el peso de los interrogantes:  ¿me habré hecho viejo?, ¿me convertí, al fin, en el anacoreta que en silencio admiraba?, ¿será esto la alienación que tanto aborrecí?  Pero,  ¿qué le voy a hacer si hace mucho que sé que todo político es un corrupto en potencia -la mayoría en acto-, o que las guerras son un tremendo negocio… Si, encima, me da igual quien porras gane la liga, el mundial o las vueltas que dé el hipercontaminante Alonso y sus secuaces? ¿No es normal que me dé pereza abrir cada mañana los mismos periódicos para leer noticias idénticas? Ya lo decía Mafalda.
En esas andaba, cuestionándome la defunción o no de mi ser social, cuando, de repente, abrí otro periódico y, mira por donde, fue capaz de indignarme o, al menos, sobrecogerme con debates que no son los míos.

Por un lado, el rostro de una de las suicidas de Moscú. Más allá de la noticia en sí, me bastó mirarla a los ojos en un absurdo intento de leer en ellos el origen, los motivos del fanatismo. También, las consecuencias en ella, otra víctima de esa barbarie.
Otros dos titulares me recordaron que la homosexualidad, además del esnobismo cansino  que pavonea a este lado del planeta, en otros lares continúa siendo objetivo de la ira fascista e intransigente del fundamentalismo heterosexual:


Pues sí, hay asuntos que, aún sin tocarme directamente, siguen estimulando mi sistema nervioso central. Debe ser que todavía estoy socialmente vivo.