decisiones

Hay decisiones intuitivas, ésas que tomamos sin pensar. Porque sí o porque no y ya está.

A otras dedicamos más rato, porque nos va más en la encrucijada o nos sobra tiempo. Al menos eso creemos. Algunas de éstas, al llevarlas a cabo, nos elevan, como sacos de globos nos hacen sentir ligeros, mucho más ágiles, como si ya no dependiéramos del capricho de los vientos.
Otras, en cambio, son decisiones pegajosas. Aunque las hayamos tomado hace mucho, después de contrastar y valorar todas las opciones imaginables, nos resistimos a ejecutarlas. Como chicle en la suela del zapato, queremos desprendernos de ellas pero no hay manera. Decisiones alquitrán que no sabemos si algún día, al fin, nos atreveremos a materializar.
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