No es pereza

Hay días en los que me siento como el cuero de un animal despellejado, tendido al sol, atirantado con sogas para curtirse.
Es como si tiraran de mí desde todos mis extremos las muchas obligaciones, las respuestas pendientes, las tiranteces, los compromisos, las provocaciones, lo que se espera de mí.
Días que, a pesar de todo, me resisto, me pliego, como si desde el centro de mi pellejo algo se mantuviera firme, consistente, resistiéndose a la intransigencia exterior. Algo de mí que se toma su tiempo, que me frena, impidiendo que me lance a saciar tanta demanda, que me hace respirar y cohesionarme. Es que, al final, un día no es más que un día y quizás mañana tenga mucho más de mí para repartir.
Aclaro: no es pereza.
La imagen no tiene nada que  ver con lo que escribí pero impacta, ¿no?
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