deseos 2

Le preguntó si quería ser su oso de peluche.
Sin dudarlo, rebosante de ilusión, contestó con un rotundo sí.
Fue entonces cuando le dio un abrazo hasta la asfixia, 
le sacó los botones de los ojos
y le giró la cabeza hasta arrancarla, 
mientras le clavaba los dientes en frenéticos mordiscos.
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