deseos -1

Un día decidió comerse todas sus ranas. Convertirse en su propio comesueños.
Y no lo hizo por glotón, no. 
Ocurrió que estaba harto de vivir esclavizado a los deseos, por mucho que fueran suyos, inculcados, mediatizados, prestados o plagiados.
Prefirió vivir la vida tal y como venía. Sin más.
Una decisión arriesgada, le dijeron.
Aunque lo cierto es que ahora no tiene mal aspecto.
Hasta parece feliz.
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