Oleajes

Las olas baten fuertes ahora. Resulta inútil nadar a la contra. Mejor mantener el sosiego y recordar que siempre vienen en series. Que a una grande le sigue otra mayor. Y luego, otra. Pero, pasadas unas cuantas, siempre vuelve la calma.

Quemar las fuerzas contra el oleaje, intentando alcanzar la seguridad de una roca, nos deja sin posibilidad de deleite en la quietud, cuando llega.

Bastará con dejarse llevar. Disfrutar del vaivén, de los revolcones de espuma, que todo tiene su divertimento. Administrar las fuerzas y aguardar la ocasión para la reacción.

Al final, la vida siempre flota.

 

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