Dioses, guaguas y otros absurdos


El colmo de la estupidez. Hay gente que discute sus creencias en vallas publicitarias. A unos les da por poner anuncios en el transporte público que cuestionan la existencia de dios, mientras que otros, ofendidos,
reafirman sus convicciones religiosas en los mismos soportes.

Para más INRI, esto que hacen ahora en Madrid y Barcelona se lo han copiado de Londres. Ni siquiera es una disputa original. Suponiendo que quedara alguna originialidad por aportar en tema tan manido.

Quienes realmente han visto los cielos abiertos, claro está, son las agencias publicitarias.

Viva la República !!!


La pasada madrugada de Reyes, Saulo sobrellevaba sus nervios de cinco años metido en mi cama. Habíamos acordado no levantarnos muy pronto, no fuera que nos pillaran despiertos y se fueran corriendo con todo el equipaje.

La noche anterior no me dejaba gritar en la Cabalgata el «Viva la República«, con la firme amenaza de quedarme sin regalos. Horas después, pasados pocos minutos de las seis de la mañana , bajo el calorcito de las mantas, no paraba de calcular en voz alta lo que podría tocarle en el peculiar reparto de los monarcas.

Por millonésima vez volvió a preguntarme qué les pedía yo. Esta vez se me ocurrió decirle que lo único que quería era felicidad. Él, con ese exceso de seguridad y comprensión integral del universo que da el primer lustro de vida, me explicó: «Los Reyes sólo traen juguetes y ropa, libros y calcetines. Eso que pides no te lo pueden traer de fuera, Papi, eso te lo tienes que hacer tú

Todavía no lo sabe pero ya ha comprendido la inutilidad de la monarquía. Aunque no lo sospecha, ya es republicano.


Comunidad



En el portal de mi casa cohabitan desde siempre unos extraños vecinos. Hasta hace muy poco no tenían piso propio, compartían varias viviendas con gentes diferentes. Estaban repartidos por todo el edificio, aunque en ningún caso ejercían de titulares. Sólo ocupaban algún cuarto donde vivían a su manera.

Hace algún tiempo, tuvieron serios problemas en uno de esos pisos. Los fueron acorralando hasta echarlos a la calle. La cosa se les complicó más cuando el propietario de esa vivienda fue haciéndose con las colindantes, donde practicaba la misma persecución contra los moradores del cuarto del fondo.


El afán especulativo del inquilino expansivo no tardó en generarle problemas, ganándose la enemistad de todo el edificio, que acabó por unirse en su contra hasta desahuciarlo. Por entonces, las víctimas de su ambición inmobiliaria dormían en las escaleras, sin vivienda ni cuarto al fondo en ninguna planta del inmueble.


Sólo unos pocos se mantenían cobijados por los rincones de la casa del presidente de la comunidad de vecinos. Quizás por eso, quizás porque siempre participaron en la gestión de la Tesorería, lo cierto es que alcanzaron los apoyos necesarios de buena parte del portal.


Una mañana golpearon mi puerta. Cuando fui a abrir ya era demasiado tarde. Me encerraron a empujones en el último cuarto de mi casa, del que no me dejan salir ni al servicio ni a la cocina. Recientemente me han tapiado los accesos a la habitación.


Intento protestar, llamar la atención del resto de los vecinos. Ni caso. Los presidentes, por mucho que cambien, siempre les dan la razón. En el mejor de los casos, comentan que es un problema doméstico en el que no van a inmiscuirse. Alguno hasta me culpa a mí de provocarles.


PD.

Fin al Estado asesino israelí

Capitalismo y vacío


Una de las claves del éxito del capitalismo es su explotación de la insatisfacción humana. Le saca el jugo al vacío existencial, especialmente, a la absurda manía de intentar llenarlo, sin éxito, con objetos externos.

Coches, casas, propiedades, títulos académicos, reconocimiento social, éxito profesional, dinero, electrodomésticos… Nada sacia ese vacío, pero el ímpetu por llenarlo es lo que engrasa el capitalismo. Lo que lo mantiene.

Tiene su gracia traducir a lenguaje coloquial las expresiones de las páginas marrones de los periódicos. Ésas que tendemos a separar nada más abrirlo, las que tiramos a la torre de reciclado sin leer. Allí se encuentran ingenios tales como: “El incremento del paro y la congelación salarial desincentiva el consumo, prolongando la crisis”.

El problema, por tanto, no es que la gente no tenga trabajo ni con qué pagar sus facturas. No, qué va. Lo dramático es que si no tienen dinero no compran y, por tanto, no venden. Se colapsa el sistema.

Hubo un presidente de esta Comunidad Autónoma que aseguró que el objetivo de su programa de gobierno era hacernos felices a todos. No lo consiguió. Tampoco creo que lo intentara.

Políticos, ya se sabe. El actual dijo que quería acercar el Gobierno a la “gente”, pero resulta que su parlamento no admite a trámite iniciativas legislativas populares.

colegas

Lo daba por perdido

pero bastaron unas horas para recuperarlo

casi intacto.


Unos minutos de puesta al día

el tintineo de unas copas trasnochadas


Y ahí estábamos de nuevo

náufragos en océanos de desencantos

nihilistas supervivientes sorteando viejas corrientes

con más tripa y menos pelo

más canas y menos ganas

entre risas y complicidades

como casi siempre