Ya está listo. No queda más que servirlo. Al gusto, por supuesto. Cómalo a mansalva. Métase un atracón o consúmalo en pequeñas dosis. Frío o caliente, como prefiera. De cualquier forma estará bueno.
Que aproveche.
Ya está listo. No queda más que servirlo. Al gusto, por supuesto. Cómalo a mansalva. Métase un atracón o consúmalo en pequeñas dosis. Frío o caliente, como prefiera. De cualquier forma estará bueno.
Que aproveche.
De vuelta a la realidad, salí a la calle. Quizás para compensar el fiasco, al pasar por un quiosco de la ONCE, me compré un rasca. Invertí 50 céntimos y crucé la calle descubriéndolo con escepticismo. Me equivoqué. Tuve que dar la vuelta. Había salido el 7 que me devolvía los 50 céntimos. Hacía muchísimos años que esa cantidad no me proporcionaba tantas emociones.
Ni lo dudé. Corrí a cambiarlo por otro boleto. Cuando lo tuve en la mano cruce sin escepticismo, convencido de que hacía el idiota, que definitivamente había malgastado mi primer golpe de suerte. Que estuve a tiempo de no tirar el dinero, de recuperar lo que me había gastado en ese arrebato de creerme que, de pronto, algo externo me resolvería la vida.
Reanduve mis pasos. Otro siete me hacía ganar un euro. Doblaba lo invertido.
Dispuesto a todo, me la volví a jugar. Pillé un boleto más caro y aposté la totalidad del premio. Tras recibir las instrucciones detalladas de la vendedora, me alejé rasca que te rasca, otra vez íntegramente incrédulo.
El premio podía ser mayor, pero la dificultad también: Necesitaba tres sietes en raya. Imposible.
Una vez más me equivocaba. Los conseguí. Las manos me temblaban, pero logré descubrir el importe de mi premio. Otro euro. La suerte estaba conmigo esta mañana. Ya era hora, la verdad.
Aunque la sensatez me murmuraba que atrapara el euro y corriera, caí en la tentación ludópata de volver a arriesgarlo todo.
Esa vez fue la definitiva.
Yo también me los he encontrado. ¿Quién no? Estos días, precisamente, me confirman que los mismos chorizos que ya me habían hundido una web acababan de redoblar su honestidad y sentido de la dignidad empresarial robándome un proyecto de revista.

Yo, como siempre, dormiré tranquilo, seguro de mi capacidad para crear nuevos y mejores proyectos. Éllos, en cambio, continuarán dependiendo de sus robos y estafas para poder seguir adelante.
Para algunos, la dignidad vale menos que el brazo de un inmigrante. Otros hasta la cambian por un triste porcentaje de beneficios dudosos. Lo dicho, qué miseria.
PD.
Disculpa Psicótica. Te prometo que mañana vuelvo a mis fantasías, que esta gentuza tiene la realidad hecha un asco.
Lo lamento, pero esto no es un cuento de ésos que a veces invento y escribo por aquí. Es la mísera realidad: LEER MÁS.
Se le coló en una bocanada profunda, hasta instalarse en la misma entrada de su estómago, desde donde extendió su halo de inseguridad por todas las vísceras.
Intentó sacudirla, quitársela de encima.
Con el cúmulo de fracasos, removió viejas estrategias.
Buscó imágenes placenteras que se esfumaban en segundos.
Ahogó en carcajadas los alaridos de sus tripas.
Se abalanzó sobre la intrusa sin el menor respeto.
Eso no evita que los ganadores por los pelos lo celebren como si hubieran arrasado. Tanto, que se sienten legitimados para pedir la cabeza del presidente.
Si tuvieran razón, ¿qué debería de hacer Paulino Rivero con los 91.000 tristes votos obtenidos por Coalición Canaria?
Y el PP gana en Canarias. En Gran Canaria, donde gobierna el PSOE en el Cabildo y el ayuntamiento capitalino. También en Tenerife, feudo de ATI-CC. Esto quitará el sueño a más de uno. A mí tampoco me entusiasma, la verdad.
Rosa Díez es de chiste. Saca un escaño y lo exhibe como prueba de que se convertirá en la alternativa a PP y PSOE. Hay gente con la autoestima por las nubes.
Una curiosidad numérica:
PP = 6.614.945 votos (42,23%)
PSOE = 6.032.437 votos (38,51%)
IU = 583.700 votos ( 3,73%)
PSOE + IU = 6.616.137 votos (42,24%)
Salvando las distancias, claro está.