Lo que mamamos

Lo que mamamos.
No somos más.
Ni más ni menos.

Estos días he conocido a un joven sin rostro, sin expresión. No, me equivoco. Sí que expresa. Pero sólo transmite reto. Pugna. Con el entrecejo siempre a la defensiva. Listo para atacar.

No percibe el afecto ni la atención positiva. Sólo sabe y se recrea en reclamar protagonismo de modo agresivo. Trasgrediendo cualquier norma básica de convivencia. Es su manera de sentirse vivo.

Rechaza todo intento de acercamiento amistoso. Le divierte más liarla para que acudan a reprimirlo. Es en ese escenario donde se desenvuelve con soltura. Es entonces cuando defiende a gritos y empujones que su libertad y derechos no tienen límites, que sólo acaban donde se machacan los del resto.

¿No prestarle atención? Sí, ya lo había pensado. Pero, me queda una duda: ¿hasta donde será capaz de llegar para acaparar ese protagonismo que tanto necesita?

No sé mucho de su vida, de lo que ha mamado. Aunque no hace mucha falta. Es fácil de imaginar.

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